ESPECIAL 2015
Redacción, 22 dic (elmundo.cr) – 7 de enero del 2015, 11 de la mañana en París. El equipo de la revista satírica Charlie Hebdo se encuentra en lo que parece ser otro día normal de trabajo, preparando el ejemplar que saldría el día 12.
De repente, dos hombres vestidos de negro, con la cara cubierta y armados con fusiles de asalto irrumpen en el número seis de la calle Nicolas-Appert, en el XI distrito de la capital francesa. Ahí eran las antiguas oficinas de la revista, que se mudó al número diez. Al percatarse del error, matan al encargado de mantenimiento y se encuentran con Corinne Rey, la dibujante de la revista a quien toman por rehén para que les facilite el acceso al recinto.
Charlie Hebdo había sido atacada anteriormente. Su puerta de entrada era blindada y se requería un código de acceso. Rey intenta llevarlos a la tercera planta para despistarlos, pero los terroristas reconocen la entrada, ingresan el código e irrumpen en el salón de reuniones donde todos estaban trabajando.
Los terroristas de Al Qaeda preguntan por “Charb”, (Stéphane Charbonnier) quien estaba en su lista de “Los más buscados” por sus caricaturas y sátiras sobre el islám. Le disparan a él, matándolo en el acto y al resto de su equipo lo acribillan de forma indiscriminada.
Ocho personas en la redacción mueren, además del policía encargado de escoltar a “Charb” y un invitado a la revista.
Los disparos alertan a los trabajadores de otras oficinas en la calle y a los transeúntes. Oficiales de la Policía Nacional de Francia ya están frente a la revista cuando los perpetradores al grito de «Al·lahu-àkbar» (Alá es el más grande) salen para montarse en un vehículo y emprender la huida. Otras dos balacera ocurren pero ahí solo pasan daños materiales.
Los reportes de múltiples tiroteos ya resuenan en las redes sociales y calles de París. La gente busca refugio cuando los terroristas llegan al bulevar Richard-Lenoir, donde se enfrentan por tercera vez con la Policía. Ahí, en lo alto de un edificio un testigo graba el enfrentamiento.
El vídeo le da la vuelta al mundo. En él se ve donde un oficial de policía es herido en el abdomen y cuando está tendido en el piso, los terroristas se acercan para rematarlo con un disparo en la cabeza.
Escapan de nuevo y chocan con otro auto en la plaza del Colonel-Fabien a unos cuatro kilómetros, pero continúan huyendo hasta que el vehículo no les responde más y se ven forzados a usar otro.
Tras robar a punta de pistola un Renault Clio, salen de París por la Puerta de Pantin, que comunica la capital con la comuna limítrofe de Pantin.
LAS VÍCTIMAS
En total, doce personas murieron. Once al interior del semanario y el oficial de policía rematado por los terroristas.
Los fallecidos en el equipo de Charlie Hebdo son los dibujantes «Cabu», «Charb», «Tignous», Georges Wolinski y Philippe Honoré, el economista Bernard Maris, el corrector Mustapha Ourad y la columnista y psicoanalista Elsa Cayat.
El conserje asesinado fue identificado como Fréderic Boisseau, mientras que el invitado que topó con la desdicha de estar en la redacción al momento del atentado fue identificado como Michel Renaud, fundador del festival Rendez-vous du carnet de Voyage.
Los policías fallecidos fueron Franck Brinsolaro, la escolta de “Charb”, y Ahmed Merabet, el oficial de policía que aparece en el vídeo de arriba.
“Coco”, a quien usaron para entrar a las oficinas de la revista sobrevivió. En declaraciones posteriores afirmó que los terroristas le indicaron que “no matamos a las mujeres, pero tienes que convertirte al islam y ponerte el velo”.
También sobrevivieron Gérard Gaillard, quien se tumbó al suelo al momento de los disparos y el reportero Laurent Léger que dio aviso a la policía.
Gérard Biard, el redactor en jefe de la revista estaba de vacaciones en Londres, mientras que la periodista Zineb El Rhazoui estaba de vacaciones en Marruecos. Los dibujantes Renald Luzier y Catherine Meurisse no llegaron a tiempo a la reunión, mientras que Bernhard Willem tenía la costumbre de nunca acudir a las reuniones de redacción.
Mathieu Madénian, el sindicalista Patrick Pelloux y el periodista especializado en temas científicos Antonio Fischetti, tenían compromisos previos.
LOS PERPETRADORES
Los terroristas dejaron amplias evidencias de ADN en los vehículos que usaron para escapar. Las mismas fueron recolectadas y analizadas casi de inmediato. Ya en horas de la noche, se tenían sus dos identidades.
Chérif Kouachi, nacido en París en el año 1982 fue el perpetrador principal. En 2005 se le arrestó por formar parte de una red de captación yihadistas franceses a Irak, en el 2008 se le condenó a tres años de cárcel, tiempo en el que se radicalizó aún más.
Su hermano, Saïd Kouachi nació en París en 1980 se le unió tras convencerlo.
La noche del 7 de enero culminó sin pistas de su paradero y fue hasta el día siguiente en horas tempranas que se les ubicó en una gasolina de la marca Avia en la región de Picardía a 65 km de París. Ambos asaltaron las instalaciones para recargar gasolina y obtener algunos alimentos.
Las fuerzas especiales, incluido el ejército fue desplegado casi de inmediato. Se aplicó el protocolo de “cerrar y luego rastrear”, para intentar dar con el paradero de los dos hombres. En total 88.000 efectivos emprendieron la cacería contra los hermanos Kouachi.
Dos días después de los atentados, los hermanos robaron otro vehículo y se enfrentaron con varios oficiales para luego emprender la huída por la ruta nacional dos, un eje norte-sur que une a Francia con Bélgica. Topados con un puesto de control, se enfrentaron a tiros en una empresa donde tomaron a un hombre como rehén y fueron abatidos. El rehén fue liberado.
JE SUIS CHARLIE
Los atentados tuvieron repercusiones casi inmediatas. Las condenas de políticos, famosos, el gremio periodístico y la ciudadanía en general no se hicieron esperar.
Para el 11 de enero y luego de algunos enfrentamientos con yihadistas en otros puntos de Francia, miles de personas tomaron las calles de Francia bajo el lema “Je Suis Charlie” (Yo soy Charlie [Hebdo]), en defensa de la libertad de expresión, prensa, democracia, estado de derecho, libertades individuales, defensa de la vida y la tolerancia para la convivencia.
Sin embargo, otros aparecieron con el “Je ne suis pas Charlie” (Yo no soy Charlie [Hebdo], alegando entre otras cosas que el semanario con sus sátiras insultaba al islam y que el derecho a la libertad de expresión no implica insultar las creencias de los demás.
El debate entre ambas posiciones fue intenso y originó múltiples columnas de opinión en medios de todo el mundo.

