Ambiente

El carbono en la atmósfera está aumentando, aun cuando las emisiones se estabilizan

REPORTAJE

Por Justin Gillis – Christopher Buckley contribuyó reporteando desde Pekín

Cape Grim, 13 jul (NYT) ⎯ En los mejores días, el viento que ulula en este promontorio escarpado no ha tocado tierra por miles de kilómetros, y parece que el aire que llega debiera ser el más limpio del mundo.

Pero en un risco por encima del mar, dentro de un edificio gubernamental bajo, un conjunto de máquinas sofisticadas olfatean ese aire día y noche, poniendo al descubierto indicadores reveladores de la forma en que la actividad humana está alterando al planeta a una escala importante.

Durante más de dos años, la estación de monitoreo aquí, junto con sus contrapartes al otro lado del mundo, ha estado emitiendo una advertencia: el bióxido de carbono excesivo que quema al planeta se elevó al nivel más alto jamás registrado en 2015 y 2016. Un nivel de incremento ligeramente más bajo pero aún inusual ha continuado en 2017.

Los científicos están preocupados por la causa de los rápidos incrementos porque, en uno de los signos más alentadores desde que llegó a comprenderse ampliamente la crisis climática mundial en los años 80, la cantidad de bióxido de carbono que la gente está emitiendo al aire parece haberse estabilizado en los últimos años, al menos a juzgar por los datos que los países compilan sobre sus propias emisiones.

Eso plantea un dilema: si la cantidad del gas que la gente está emitiendo ha dejado de aumentar, ¿cómo es que la cantidad que permanece en el aire puede estarse elevando más rápidamente que nunca antes? ¿Significa que las esponjas naturales que han estado absorbiendo al bióxido de carbono están cambiando ahora?

“Para mí, es una advertencia”, dijo Joseph G. Canadell, un científico del clima australiano que dirige el Proyecto Global sobre el Carbono, una colaboración entre varios países para monitorear las tendencias de las emisiones.

Los científicos han pasado décadas midiendo lo que estaba sucediendo a todo el bióxido de carbono que se producía cuando la gente quemaba carbón, petróleo y gas natural. Establecieron que menos de la mitad del gas estaba permaneciendo en la atmósfera y calentando al planeta. El resto estaba siendo absorbido por el océano y la superficie terrestre, en cantidades aproximadamente iguales.

En esencia, estas esponjas naturales estaban haciendo un servicio enorme a la humanidad al disponer de mucho de este desecho gaseoso. Pero conforme las emisiones han aumentado más y más, ha sido poco claro cuánto tiempo más las esponjas naturales podrán sostener el ritmo.

Si se debilitaran, el resultado sería algo similar a que los trabajadores de los servicios de recolección de basura se declararan en huelga, pero a una escala enorme: la cantidad de bióxido de carbono en la atmósfera aumentaría más rápidamente, acelerando el calentamiento global incluso más allá de su ritmo actual. Ya es lo suficientemente rápido para desestabilizar al clima, causar que los mares se eleven y amenazar a las capas de hielo polares.

Los aumentos récord en el bióxido de carbono aerotransportado en 2015 y 2016, por tanto, plantean la cuestión de si esto ya ha pasado. A los científicos les preocupa, pero no están listos para sacar esa conclusión, y dicen que se necesita más tiempo para tener un panorama claro.

Muchos de ellos sospechan que un patrón climático de El Niño que se extendió en esos dos años, uno de los más fuertes que se hayan registrado, podría haber causado el aumento más rápido que lo común en el bióxido de carbono, al secar grandes partes de los trópicos. El desecado contribuyó a enormes incendios en Indonesia a fines de 2015 que emitieron un brote de bióxido de carbono a la atmósfera. Los El Niño pasados también han producido rápidos aumentos en el gas, aunque no tan grandes como los recientes.

Sin embargo, los científicos no están totalmente seguros de que El Niño sea el principal culpable; la idea no puede explicar por qué un alto índice de aumento en el bióxido de carbono ha continuado en 2017, aun cuando El Niño terminó a principios del año pasado.

Los científicos dicen que la incapacidad para saberlo con certeza es un reflejo no solo de la dificultad científica del problema, sino también del fracaso de la sociedad para invertir en un sistema de monitoreo adecuado para dar seguimiento a los profundos cambios que los humanos están produciendo en el planeta.

“Es realmente básica, nuestra red, contrario a las malas percepciones comunes sobre el derroche de los fondos gubernamentales”, dijo Pieter Tans, director de una unidad que monitorea gases de invernadero en la Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por su sigla en inglés).

Aunque los acontecimientos recientes han puesto en claro la necesidad científica de una red mejorada, la situación podría estar a punto de empeorar, no de mejorar. El gobierno del presidente Donald Trump ha tomado como blanco a las agencias de ciencias estadounidenses para los recortes, y la NOAA, la agencia principal en el rastreo de los gases de invernadero, es una de las destinadas al degolladero.

Se estima que la actividad humana está bombeando casi 40,000 millones de toneladas de bióxido de carbono al aire cada año, una cantidad que Canadell del Proyecto Mundial sobre el Carbono llamó “impactante”. La concentración atmosférica del gas se ha elevado en alrededor e 43 por ciento desde la Revolución Industrial.

Eso, a su vez, ha calentado la Tierra en alrededor de dos grados Fahrenheit, una cifra grande para la superficie de todo un planeta.

La incertidumbre que se origina en los recientes aumentos en el bióxido de carbono es más aguda dado que las emisiones mundiales debidas a la actividad humana parecen haberse estabilizado en los últimos tres años. Eso obedece principalmente a los cambios en China, el mayor contaminador, donde una desaceleración económica ha coincidido con un esfuerzo consciente para reducir las emisiones.

“Yo estimaría que estamos a punto de alcanzar el máximo de emisiones, o si hay aumentos adicionales, no serán muy grandes”, dijo Wang Yi, profesor de la Academia China de Ciencias en Pekín, quien también pertenece a la legislatura nacional y asesora al gobierno sobre política climática.

Las emisiones en Estados Unidos, el segundo contaminador más grande después de China, también se han mantenido relativamente sin cambio, pero Trump ha empezado a desmontar las políticas climáticas del presidente Barack Obama, planteando la posibilidad de que los gases de invernadero pudieran elevarse en los próximos años.

Tans dijo que si las emisiones mundiales permanecían sin cambio al alto nivel de hoy, el mundo seguiría en graves problemas.

“Si las emisiones permanecieran sin cambio durante las próximas dos décadas, lo cual sería llamado un logro en cierto sentido, sería terrible para el problema del clima”, afirmó.

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