Por Carlos Dorat (dpa)
Santiago de Chile, 7 may (dpa) – Con el sorpresivo anuncio de un cambio ministerial, que se suma a las medidas anticorrupción comunicadas unas semanas atrás, la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, intenta recuperar la credibilidad y la confianza de los chilenos, en momentos en que los índices de rechazo a su gobierno alcanzan casi al 70 por ciento, según las últimas encuestas.
La situación comenzó a hacerse insostenible hace algunos meses, luego de que se conocieran masivos casos de corrupción, fraude fiscal y tráfico de influencias en los que se han visto involucrados empresarios, funcionarios de gobierno, dirigentes políticos de todas las tendencias, incluido el hijo de la mandataria, Sebastián Dávalos Bachelet.
Bachelet comunicó su decisión la noche del miércoles en una entrevista con un canal de la televisión local, en la que dijo que en las próximas 72 horas dará a conocer al nuevo gabinete.
El cambio, realizado a poco más de un año de haber iniciado su segundo periodo presidencial, tomó de sorpresa incluso a dirigentes de la Nueva Mayoría, la coalición oficialista de centro-izquierda que integra desde demócratas cristianos hasta comunistas.
“Vamos a respaldar totalmente las propuestas (de la presidenta) que impliquen ayudar a recuperar confianza y credibilidad de los chilenos en nuestras instituciones”, dijo hoy el senador demócrata cristiano Jorge Pizarro, quien además preside la formación, la principal del bloque gubernamental.
La decisión de la gobernante fue también apoyada por la oposición derechista, que hacía tiempo exigía a la mandataria “un cambio de rumbo”.
“Los resultados de su primer año (…) han dejado mucho que desear, los logros han sido desconocidos por la ciudadanía y la crisis política terminó golpeando las puertas de La Moneda (la sede de gobierno)”, aseveró el senador Hernán Larraín, presidente de la conservadora Unión Demócrata Independiente (UDI).
En el curso de la entrevista, Bachelet hizo una fuerte autocrítica por el caso en el que está involucrado su hijo Sebastián y su nuera, Natalia Compagnon, quienes enfrentan un juicio por presunto tráfico de influencias luego de que consiguieran un polémico y millonario crédito inmobiliario un día después de que fuera elegida en las urnas en 2013.
“Cometí errores importantes”, se sinceró la mandataria, tras admitir que no tuvo “la fuerza para haber criticado lo que tenía que haber criticado”.
A partir de este caso, Bachelet, que el año pasado gozaba de altos niveles de popularidad por la aprobación en el Congreso de reformas emblemáticas contenidas en su programa de gobierno como la tributaria y de educación, el apoyo comenzó a caer.
De hecho, una de las últimas encuestas reveló que la gobernante cuenta con el apoyo de sólo el 31 por ciento de los consultados. Sin embargo, lo que más alarmó a su entorno fue el rechazo de un 64 por ciento de los ciudadanos hacia su persona.
Analistas locales atribuyen el hecho a la “falta de transparencia” y la sensación de que se transmiten “mentiras”.
En un intento por ponerle freno a la grave situación, que involucra no solo al gobierno sino a toda la llamada “clase política”, Bachelet anunció hace diez días un paquete de medidas anticorrupción.
Entre las propuestas detalló normas para que se transparente “completamente el financiamiento de la política”, incluida la eliminación de “los aportes anónimos y reservados” que reciben los candidatos para solventar sus campañas electorales.
Desde fines del año pasado la Fiscalía Nacional investiga traspasos irregulares por millones de dólares desde diversas empresas a políticos de distintos partidos, incluidos ex candidatos presidenciales, senadores y diputados, para financiar sus campañas electorales.
A horas de su primer cambio ministerial, además de las medidas anticorrupción y otras reformas, muchos se preguntan si esto será suficiente para superar una de las peores crisis que afligen a su gobierno.
