Aprovechar las soluciones de la naturaleza

» Aplicar remedios naturales contra plagas y enfermedades para aumentar la resiliencia al clima en Asia y el Pacífico.

© FAO/Mai Nguyen

Nguyen Thi Thu Huong no es una persona que suela romper con la tradición.

La agricultora de 56 años, que pertenece a la comuna de Thanh Quoi en el interior del delta del Mekong en Viet Nam, ha seguido rigurosamente los métodos tradicionales de cultivo del arroz transmitidos de generación en generación.

Sin embargo, a diferencia de generaciones anteriores, Huong ha observado de primera mano cómo la intensificación de los efectos del cambio climático amenaza ahora la cesta arrocera de Viet Nam y la forma de vida de su familia.

“Las cosas ya no son como antes. El clima está cambiando. Las plagas son más numerosas y diferentes. Es más difícil producir cultivos ahora”, señaló Huong, mientras fijaba la vista en el grupo de cinco hectáreas de campos color esmeralda en los que se reúne cada día con otras cinco personas para trabajar bajo el cálido sol tropical.

El cambio climático ha provocado oleadas de plagas invasoras, como el destructivo gusano cogollero del maíz, y enfermedades de las plantas, como el añublo del arroz, que ha generado una pérdida anual del 30 % de los cultivos en la comuna de Huong. Estos efectos devastadores en los rendimientos de los cultivos se ven agravados por la intensificación de la frecuencia e intensidad de las inundaciones y sequías impulsadas por la crisis climática, mientras que la intrusión salina amenaza amplias extensiones de este delta normalmente fértil.

Para Huong y otros agricultores de su provincia, las estrategias de resistencia tradicionales, como la dependencia de los plaguicidas químicos, no han hecho más que complicar la situación. El uso intensivo de productos químicos peligrosos amenaza la salud de los agricultores, los consumidores y el medio ambiente, mientras que la contaminación del agua y el suelo daña la biodiversidad y a los insectos beneficiosos. Además, la intensa siembra para compensar las pérdidas de cultivos resulta económicamente costosa y entraña el desperdicio de recursos.

Viet Nam no es un caso aislado. En toda Asia y el Pacífico, las comunidades que dependen de la agricultura siguen siendo sumamente vulnerables al cambio climático. Aunque los sistemas agrícolas de monocultivo como los arrozales sustentan el 60 % del aporte energético regional, estos se ven amenazados por plagas, inundaciones y olas de calor que merman los ingresos anuales de los pequeños productores entre un 20 % y un 40 % en puntos críticos como el delta del Mekong y la cuenca del Ganges.

Esta situación hace que la resiliencia ecológica y la capacidad de adaptación de las comunidades resulten imprescindibles para contrarrestar la intensificación de las perturbaciones climáticas, ya que se estima que la caída del 19 % en los rendimientos del arroz para productores clave como Viet Nam durante el último decenio llegará al 30 % si no se hacen adaptaciones y se amplían a toda la región.

“Tanto mi familia como otras familias de la zona se dieron cuenta de que las formas tradicionales de hacer las cosas ya no eran suficientes, pero ahora tenemos un método nuevo”, señaló Huong.

Mediante la combinación de enfoques agrícolas Indígenas de generaciones anteriores y las innovaciones actuales, un proyecto de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) está llevando investigaciones probadas y específicas de países desde los laboratorios hasta los campos de los agricultores para hacer frente a la crisis climática. Este modelo empieza con una capacitación práctica, impartida en escuelas de campo para agricultores, sobre temas como el manejo de plagas ecológico y soluciones de cultivo adaptables al clima, que se aplica en parcelas de demostración para posteriormente reproducirse en las explotaciones agrícolas.

En Viet Nam, las trampas de feromonas impidieron el proceso reproductivo de las plagas, mientras que la liberación de patos en los campos de arroz sirvió para controlar plagas y malas hierbas, proporcionar fertilizante natural derivado de los excrementos y oxigenar el suelo mediante el movimiento a fin de eliminar la necesidad de usar plaguicidas y fertilizantes químicos.

El modelo de riego de alternancia humectación/secado mantuvo unos rendimientos estables, en tanto que redujo la utilización de agua y las emisiones de gases de efecto invernadero. Se emplearon drones para fumigar con bioplaguicidas y reducir los costos de mano de obra de los agricultores. Estos bioplaguicidas combatieron las plagas y, al mismo tiempo, protegieron a sus enemigos naturales, como las arañas y los polinizadores, por ejemplo las abejas, para velar por la biodiversidad.

Un aumento del 30 % del beneficio neto por hectárea convirtió a los agricultores de la comuna Thanh Quoi en promotores de esta nueva forma de cultivo.

Los nuevos métodos aplicados en el marco del proyecto han permitido a los agricultores disminuir los costos de material en casi un tercio (29 %), sobre todo semillas (50 %) y fertilizantes (23 %). Los bioplaguicidas generaron más beneficios económicos al reducir a la mitad los sistemas de fumigación gracias a la mejor salud de los cultivos.

En Bangladesh, donde las plagas y enfermedades invasoras representaban el 30 % de las pérdidas de cultivos anuales, se combinó un potente trío de métodos de control biológico para reducir las enfermedades fúngicas y los daños por insectos en los cultivos de gombo entre un 60 % y un 70 % en emplazamientos del proyecto en el distrito de Mymensingh, situado a 120 kilómetros al norte de la capital, Daca. Esta solución integral combina Trichoderma, un hongo que protege las raíces de las plantas frente a enfermedades, con Neoseiulus longispinosus, ácaro depredador que controla las plagas, mientras que la Trichogramma es una avispa que parasita los huevos de plagas para evitar su eclosión. Gracias a este enfoque integrado y eficaz en todas las etapas de los ciclos de vida de las plagas, se mejora la salud de los cultivos y se reduce la necesidad de usar plaguicidas químicos, que son perjudiciales para el medio ambiente y los organismos beneficiosos.

Mientras, en Nepal, los productores de tomate han observado una reducción de entre el 60 % y el 70 % en las enfermedades de las plantas. En asociación con el Laboratorio para la protección de las plantas de la provincia de Gandaki, el proyecto apoyó actividades participativas de investigación y desarrollo del hongo Trichoderma viride, antagonista de importantes patógenos transmitidos por el suelo como el Fusarium que provocan enfermedades, al tiempo que estimula el sistema inmunológico de la planta tomatera para combatir también plagas como el gusano cogollero del maíz.

En Camboya, como parte de su misión para subsanar las graves brechas existentes entre la investigación, la aplicación sobre el terreno y las reformas de las políticas, en el marco del proyecto se crearon directrices innovadoras sobre el uso de los plaguicidas y los bioplaguicidas en el país.

Al incorporar la resiliencia ecológica en las comunidades locales, los agricultores tienen ahora conocimientos y habilidades basados en la naturaleza para promover sistemas agroalimentarios que hagan posible un futuro resiliente al clima.

“Estos resultados han cambiado totalmente mi forma de cultivar y la de otras personas ahora y en el futuro. No hay vuelta atrás”, dijo Huong.

 

La historia y las fotos relacionadas se pueden encontrar en: https://www.fao.org/newsroom/story/harnessing-natures-solutions/es

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