La entidad meteorológica de la Organización de Naciones Unidas vaticinó este martes 2 de junio que el planeta será golpeado por el fenómeno de El Niño entre julio y agosto de 2026, con una probabilidad del 80 %, debido a “aguas oceánicas inusualmente cálidas en el Pacífico tropical”.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) señaló en una actualización de sus pronósticos que el fenómeno climático, caracterizado por altas temperaturas, sequías y lluvias torrenciales, se prolongará al menos hasta noviembre, según la medición que ofrece una probabilidad del 90 %.
🆕 WMO confirms: El Niño conditions are developing and are set to influence global temperature and rainfall patterns around the world in the months ahead. Most forecast models suggest it will be at least moderate – possibly strong.
Be prepared. More info➡️ https://t.co/htyps0XfsE pic.twitter.com/0dbWunyqyU— World Meteorological Organization (@WMO) June 2, 2026
En consecuencia, la OMM advirtió de “temperaturas superiores a la media en casi todas partes para los meses de junio a agosto”.
“Es hora de tomar decisiones informadas, planificar y prepararse”, exhortó la entidad en un comunicado, que destaca su medición como “la fuente de información más fidedigna del mundo para gobiernos, organismos humanitarios y sectores sensibles al clima, como la agricultura, la salud, la energía y la gestión del agua”.
La combinación del cambio climático y El Niño ha llevado a la OMM a advertir que 2027 podría ser el año más caluroso desde que se tienen registros, un récord batido por última vez en 2024, el último año con la presencia de El Niño.
“La única respuesta eficaz es una acción climática a la altura”
El fenómeno de El Niño se produce de forma natural cada dos a siete años, cuando el debilitamiento de los vientos alisios —de regiones tropicales— provoca un aumento de la temperatura del agua en el Pacífico oriental.
Esto suele traducirse en temperaturas globales más elevadas y una alteración de las precipitaciones, lo que repercute en sequías en algunas regiones y en lluvias torrenciales en otras. También influye en la formación de huracanes.
Pese a su periodicidad natural, las autoridades meteorológicas temen que este año sus efectos se sientan con mayor gravedad, dado que las emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado la temperatura media del planeta en torno a 1,3 °C desde la época preindustrial.
Este punto de partida más elevado permite picos de temperatura más altos, sequías más intensas, olas de calor, lluvias, así como los desastres consecuentes, incluidos incendios forestales y pérdida de cosechas.
La ciencia no ha demostrado que el cambio climático aumente la frecuencia o la intensidad de los episodios de El Niño, pero la combinación de ambos puede amplificar sus efectos.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, señaló este martes que “la única respuesta eficaz es una acción climática a la altura de la crisis: acabar con la dependencia de los combustibles fósiles, acelerar la transición a las energías renovables, proteger a los más vulnerables y proporcionar sistemas de alerta temprana para todos”.
En un mensaje de video publicado en redes sociales, Guterres pidió a los líderes mundiales tratar el fenómeno de El Niño “como la urgente advertencia climática que es”.
La OMM apuntó que aún “persiste cierta incertidumbre sobre la intensidad y el momento de máxima intensidad de El Niño” en 2026, pero remarcó que “la mayoría de los modelos de pronóstico sugieren que será al menos moderado, y posiblemente intenso”.
El informe meteorológico para el fenómeno de El Niño de la ONU se construye a partir de las mediciones de los Centros Mundiales de Producción de la OMM, expertos de los Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales y centros de predicción climática en todo el mundo. La entidad elabora su pronóstico en colaboración con el Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad (IRI).
La OMM pide “extremar las precauciones” en América Latina
Latinoamérica es una de las regiones del mundo que mas sufre el fenómeno de El Niño, que generalmente lleva más lluvias a regiones del sur del continente, mientras seca a algunas zonas de Centroamérica.
Estos efectos pueden tener consecuencias desastrosas para la producción de alimentos, las industrias y la vida humana.
Entre abril y mayo de 2024 —durante el último fenómeno de este tipo—, las inundaciones en Rio Grande do Sul (Brasil) causaron la muerte de más de 180 personas y el desplazamiento de 600.000. Los científicos afirmaron que tanto el cambio climático como El Niño intensificaron las lluvias que desencadenaron el desastre.
En este contexto, la secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Celeste Saulo, señaló a la agencia de noticias EFE que los países latinoamericanos deben “extremar las precauciones” y utilizar la llamada “inteligencia climática” para sortear los efectos más adversos de este fenómeno.
La portavoz de la agencia de la ONU agregó que el aumento de la lluvia y el calentamiento del mar también “hace que toda la industria pesquera se vea fuertemente afectada”.
Aunque Latinoamérica suele sufrir consecuencias graves, el impacto de El Niño puede sentirse también en Norteamérica, el Caribe, el centro y este de África, partes de Asia y Australia. Además, intensifica las olas de calor incluso en regiones alejadas del Pacífico, como Europa.
Con Reuters, EFE y medios locales