Al Assad se tambalea, pero no cae

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En la imagen, refugiados sirios llegando al puerto del Pireo, en Atenas. Crédito: Robert Geiss / picture alliance / dpa

Por Jan Kuhlmann (dpa)

DAMASCO/ESTAMBUL (dpa) – El presidente sirio Bashar al Assad no era precisamente de los que reconocían la debilidad de su régimen en público. Por eso sorprendió tanto su discurso de hace unas semanas, retransmitido por la televisión siria. Sí, dijo entonces el mandatario, el Ejército tiene problemas para reclutar a nuevos soldados. Y sí, sus tropas han tenido que replegarse en algunas zonas para mantener otras áreas importantes. Pero no, eso no significa que el Ejército esté al borde del colapso.

Pocas veces un discurso de Al Assad estuvo tan pegado a la realidad. Tras más de cuatro años de guerra civil, sus tropas están cada vez más agotadas. Una y otra vez saltan noticias sobre sirios que se niegan a unirse a filas y en los últimos meses el régimen ha perdido casi todas las batallas importantes, en el este contra la milicia terrorista Estado Islámico (EI) y en el norte contra una alianza de grupos rebeldes. Allá donde emprenden una ofensiva resulta muy difícil ganar terreno.

Sin embargo, esto no significa que se dibuje un fin de Al Assad en el horizonte. Aunque el mandatario haya perdido el poder en gran parte del país, sus simpatizantes siguen controlando ciudades estratégicas como Damasco, Hama, Homs o gran parte de Alepo. Que su régimen aún no haya sido derrotado es algo que Al Assad debe agradecer a sus poderosos aliados: Rusia y especialmente Irán hacen todo lo posible para evitar la caída de su fiel socio.

Hace días que circulan informaciones -desmentidas por el Kremlin- sobre una mayor presencia militar rusa en Siria. Teherán, por su parte, apoya a Al Assad con petróleo, créditos multimillonarios y ayuda militar. Al lado de las filas de Al Assad lucha la milicia chiita libanesa Hizbolá, financiada por Irán. Y los críticos del acuerdo nuclear con el país persa temen que Teherán refuerce su apoyo al régimen del mandatario sirio una vez aumenten sus ingresos de la venta de crudo, como se espera.

No obstante, también los detractores de Al Assad reciben ayuda del extranjero. Arabia Saudí, Qatar y Turquía apoyan a los grupos rebeldes islamistas que se han hecho con algunos territorios en el norte de Siria. Por tanto, la guerra civil que desangra el país también es el resultado de la enconada rivalidad entre los chiitas iraníes y los sunitas saudíes.

Ante esta situación, no se augura un rápido fin del conflicto, lo que hará que el éxodo de decenas de miles de solicitantes de asilo continúe aumentado. Según los cálculos de Naciones Unidas, en Siria hay más de 7,5 millones de desplazados, a los que se suman otros cuatro millones que han huido a países vecinos. Allí buscan protección ante la destrucción, los combates y los ataques de las Fuerzas Aéreas sirias, que afectan continuamente a la población civil.

Cuanto más se prolongue el conflicto, más se debilita la esperanza de los sirios que anhelan regresar un día a su patria. “Muchos son conscientes de que probablemente la situación no les permita volver en un futuro cercano”, afirma Karolin Eberle, del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Beirut. En lugar de eso, cada vez más sirios se ven obligados a emprender la huida a Europa.

Posiblemente, el conflicto sólo pueda solucionarse mediante negociaciones entre gobierno y oposición. El mediador especial de la ONU, Staffan des Mistura, presentó recientemente un nuevo plan que podría allanar el camino hacia un gobierno de transición, mientras que Estados Unidos y Rusia se esfuerzan entre bastidores por propiciar nuevas negociaciones.

Pero hasta ahora, todos los intentos han sido en vano. Y puede que sólo salgan adelante si Irán y Arabia Saudí acercan posiciones, algo que espera Mistura: Así, “el oxígeno que mantiene con vida el conflicto desaparecería”.

Si el debilitado régimen sigue perdiendo terreno, el número de refugiados podría volver a aumentar de forma drástica. Desde hace meses, los rebeldes intentan avanzar en la hasta ahora relativamente tranquila región costera en torno a Latakia. Esta zona es uno de los bastiones de la minoría alauita, a la que pertenece Al Assad.

Por tanto, si allí se recrudece la situación, muchos sirios se verían obligados a emprender la marcha. Y lo que eso significa lo dejó claro Mistura hace unos días en Bruselas: “Latakia es una ciudad portuaria, los botes tienen acceso directo al mar”.

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