Las imágenes resumen la dimensión de la emergencia. Cientos de menores migrantes hicieron largas filas frente a comisarías de la Policía Nacional en el centro de Ceuta este jueves 6 de agosto con un único objetivo: entregarse para ser identificados y solicitar que las autoridades los acojan.
Muchos han pasado la última semana durmiendo al raso, escondiéndose en playas, montes o edificios abandonados, sobreviviendo gracias a la ayuda improvisada de vecinos, organizaciones sociales y voluntarios. Sabían que la ciudad comenzaba a habilitar colegios y otros espacios de emergencia para alojar a menores y acudieron con la esperanza de conseguir una plaza.
Sin embargo, el procedimiento continúa siendo lento. Los agentes identifican a los menores, elaboran un censo y los ponen a disposición de la administración ceutí, pero muchos, tras completar ese trámite, regresan nuevamente a la calle mientras esperan un recurso de acogida disponible.
“Vi gente pisoteando a los muertos (…) Ahora somos niños mendigando en la calle”
Una joven de 17 años contó a la agencia de noticias AP cómo presenció la muerte por ahogamiento de su hermano de 8 años durante un caótico cruce de la frontera, en el que los migrantes sortearon un rompeolas, seguido de una estampida en la costa rocosa para evitar la valla fronteriza el pasado jueves 30 de julio, en el punto álgido de la oleada migratoria. Se separó de su madre y desde entonces mendiga en las calles de Ceuta.
“Vi gente pisoteando a los muertos (…) Ahora somos niños mendigando en la calle”, señaló con la ayuda de un traductor.
🚩 Cientos de menores marroquíes colapsan el entorno de la sede de la Policía Nacional en Colón, obligando a cortar el paso a los peatones.
El bloqueo total de la vía provoca una gran indignación entre los ciudadanos ante la crisis en Ceuta.#Ceuta #Inmigración #FronteraSur… pic.twitter.com/d2DvjY5xiN
— El Faro de Ceuta (@ElFarodeCeuta) August 6, 2026
Siete días después de la entrada masiva por la frontera del Tarajal, Ceuta ofrece dos realidades muy distintas. El centro de la ciudad comienza a recuperar cierta normalidad, pero en barrios periféricos y zonas próximas al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) continúan deambulando cientos de menores sin referentes familiares.
La magnitud exacta del fenómeno sigue siendo objeto de discrepancia. El Gobierno de Ceuta calcula que hay alrededor de 1.100 menores no acompañados, mientras que la Policía Nacional ha identificado oficialmente a más de medio millar que ya se encuentran bajo tutela administrativa. Sin embargo, organizaciones sociales que recorren diariamente las calles sostienen que la cifra real podría ser considerablemente superior y denuncian que todavía existen numerosos niños sin registrar.
Entre ellos hay menores de apenas 10, 11 o 12 años. Muchos piden un teléfono móvil para llamar a sus madres y decirles que siguen vivos. Otros no saben dónde están sus familiares o aseguran que huyeron de situaciones de violencia y no desean regresar.
La angustia entre los padres que buscan a sus hijos
El drama a la inversa se vive en Fnideq, en el lado marroquí de la frontera, donde los padres esperaban ver a sus hijos regresar a casa.
Ibtissam Chari ha estado esperando noticias de su hijo, Rayan. Salió de Marruecos con un grupo de amigos la semana pasada. Sabe que cruzó la frontera porque él le avisó de que había llegado a Ceuta. Pero desde entonces, no había tenido noticias suyas.
“Venimos todos los días con la esperanza de tener alguna noticia, pero no hay ninguna (…) Algunos de sus amigos del mismo barrio han vuelto a casa, lo cual es una buena noticia. He oído que mucha gente ha muerto. Que Dios nos proteja”, señaló.
El pasado lunes, las cámaras captaron cómo soldados españoles escoltaban a un niño marroquí no acompañado que lloraba y suplicaba que no lo devolvieran a Marruecos. A pocos metros de la frontera, y debido a la presión de los vecinos, que insistían en que era menor de edad, así como a la presencia de los medios de comunicación, un teniente coronel del Ejército español detuvo la repatriación y entregó al niño a la Guardia Civil. Sin embargo, periodistas de AP presenciaron cómo las fuerzas de seguridad españolas escoltaban a otros jóvenes migrantes hacia la frontera.
La ley española establece que los migrantes adultos pueden solicitar asilo. Si su solicitud es rechazada, se enfrentarán a un proceso de expulsión. Los requisitos para que los marroquíes obtengan protección humanitaria suelen ser muy estrictos.
Sin embargo, los menores migrantes que no estén acompañados por adultos deben recibir protección y ser atendidos por las autoridades españolas.
El Gobierno español anunció el martes que ha destinado 25 millones de euros (28,8 millones de dólares) para ayudar a los menores en Ceuta.
Una ciudad desbordada
La infraestructura de protección de Ceuta estaba diseñada para atender apenas unas decenas de menores no acompañados. Hoy soporta una ocupación que multiplica varias decenas de veces esa capacidad.
Las autoridades han habilitado de forma urgente colegios, pabellones y otros espacios temporales. Más de un centenar de menores ya han pasado su primera noche bajo techo en uno de los centros educativos adaptados para la emergencia, mientras otros permanecen distribuidos entre distintos recursos extraordinarios.
Aun así, muchos continúan fuera del sistema de protección, ocultos o desplazándose continuamente por la ciudad.
Ceuta pone el foco en los menores no acompañados.
Los centros de acogida están superados con más de 800 niños. pic.twitter.com/3RJXAnomPS
— Noticias CMM (@CMM_noticias) August 4, 2026
Organizaciones como Unicef, Save the Children, Plataforma de Infancia y asociaciones de pediatras coinciden en que la prioridad inmediata debe ser garantizar agua, alimentación, atención sanitaria y apoyo psicológico, además de realizar una evaluación individualizada de cada caso.
Del registro a la acogida: el siguiente paso
La legislación española impide la devolución automática de menores extranjeros no acompañados y obliga a las administraciones a asumir su tutela mientras se estudia cada situación de manera individual.
Ese proceso incluye localizar a sus familias cuando sea posible y comprobar si un eventual reagrupamiento en Marruecos puede realizarse con garantías para el interés superior del menor. Cuando ello no resulta viable, los niños pasan al sistema de protección español.
Precisamente por el colapso de Ceuta, el Gobierno prevé activar el mecanismo de redistribución hacia otras comunidades autónomas contemplado en la normativa sobre contingencias migratorias extraordinarias. El objetivo es aliviar la presión sobre la ciudad y garantizar una atención más adecuada, una medida respaldada por las organizaciones especializadas en infancia, aunque continúa generando debate político entre los distintos gobiernos regionales.
La imagen de cientos de niños esperando pacientemente frente a una comisaría para pedir protección refleja el cambio que ha experimentado la crisis en apenas una semana.
La llegada masiva por mar ya no ocupa el centro del relato. Ahora la emergencia se mide en noches al raso, llamadas desesperadas entre padres e hijos separados por una frontera, menores que aún permanecen escondidos y una ciudad incapaz de absorber sola una responsabilidad que, recuerdan las organizaciones humanitarias, corresponde al conjunto del Estado.
Mientras se organiza su posible traslado a otras comunidades autónomas, cientos de niños continúan aguardando el primer gesto de estabilidad desde que cruzaron el mar: una cama, un techo y la certeza de que dejarán de estar solos.
Con AP y medios locales