San José, 07 abr (elmundo.cr) – Cada vez más compañías costarricenses están dejando de mirar a Estados Unidos solo como un destino de exportación y empiezan a considerarlo como un lugar para operar.
La combinación de ajustes comerciales selectivos, incentivos para relocalizar producción (nearshoring) y un mayor interés de Washington por fortalecer cadenas de suministro regionales está acelerando una decisión que antes muchas empresas postergaban: abrir subsidiarias, hubs regionales o estructuras permanentes en territorio estadounidense.
El giro es relevante porque cambia la lógica de crecimiento. En vez de depender únicamente del comercio transfronterizo, más empresas costarricenses prefieren estar dentro del mercado: reducir fricciones logísticas, anticiparse a exigencias regulatorias y acercarse tanto al capital como a los clientes. Y el contexto para 2026 refuerza esa tendencia: la inversión extranjera global vuelve a concentrarse con fuerza en economías desarrolladas, con Estados Unidos entre los principales polos de atracción.
En el caso de Costa Rica, además, la relación económica con EE. UU. ya parte de una base especialmente sólida: el intercambio bilateral de bienes entre ambos países alcanzó US$ 24,1 mil millones en 2025, mientras que el comercio total de bienes y servicios sumó US$ 29,4 mil millones en 2024.
“El nearshoring y los ajustes comerciales están acelerando decisiones que antes se postergaban. Pero instalarse en EE. UU. no es solo abrir una oficina: implica coordinar temas corporativos, migratorios, contractuales y de cumplimiento desde el primer día. Cuando eso se planifica bien, la operación gana resiliencia ante cambios regulatorios y puede escalar con más previsibilidad”, señala Esteban J. Elías, socio y Head of Latin America Practice de Leech Tishman.
EE.UU. sigue siendo un imán para las empresas
El atractivo se relaciona principalmente con el tamaño del mercado y el acceso a capital. El PIB de Estados Unidos superó los US$ 27 billones en 2024, cerca de una cuarta parte de la economía mundial.
Todo esto refuerza su peso como destino para compañías costarricenses que buscan estabilidad jurídica, financiamiento y cercanía con clientes globales. A eso se suma que Estados Unidos sigue siendo el principal socio comercial e inversionista de Costa Rica.
Según la International Trade Administration, alrededor del 73% de la inversión extranjera directa que recibió Costa Rica en 2022 provino de EE.UU., y más de 250 empresas estadounidenses operan en el país, con más de 150.000 empleos asociados.
En el caso costarricense, la relación comercial con Estados Unidos no solo es histórica, sino también cada vez más sofisticada. La entrada en vigor del CAFTA-DR para Costa Rica en 2009 consolidó un marco estable para el comercio y la inversión, y en los últimos años sectores como equipo médico, precisión, servicios empresariales y tecnología han ganado peso dentro de la oferta exportadora del país.
Solo en el primer trimestre de 2025, las exportaciones de bienes de Costa Rica crecieron 12%, impulsadas en buena medida por el sector de equipo de precisión y médico.
La ventaja costarricense
A los factores macroeconómicos se suma un componente de especialización productiva y afinidad empresarial difícil de ignorar. Costa Rica ha construido una base exportadora con fuerte presencia en manufactura avanzada, dispositivos médicos y servicios globales, sectores particularmente compatibles con la demanda del mercado estadounidense. Esa cercanía operativa y sectorial hace que, para muchas empresas costarricenses, instalarse en EE.UU. no implique empezar de cero, sino profundizar una relación comercial ya existente.
Para muchas compañías del país, esa combinación puede reducir barreras de entrada y acelerar la expansión, especialmente cuando la estrategia ya no apunta solo a vender más, sino a operar más cerca del cliente final, del capital y de los socios estratégicos.
En otras palabras, para las empresas costarricenses con ambición regional o internacional, el paso hacia una presencia directa en Estados Unidos empieza a verse menos como una apuesta excepcional y más como una evolución natural del negocio.
Un enfoque regional que acelera decisiones
En el plano geopolítico, la administración estadounidense viene reforzando su interés en el hemisferio occidental, con foco en cadenas de suministro regionales, seguridad energética y cooperación tecnológica.
En ese escenario, Costa Rica destaca por su estabilidad institucional, su apertura a la inversión y su posicionamiento en industrias de alto valor agregado. Combinado con incentivos a la relocalización productiva, ese giro está empujando una integración empresarial más profunda entre ambos países.
El resultado es un entorno mixto: más exigencia regulatoria y comercial, pero también más oportunidades para quienes entran con estructura y visión de largo plazo. “Hoy la pregunta ya no es solo si conviene entrar a Estados Unidos, sino cómo hacerlo de manera ordenada.
En 2026 veremos a más empresas costarricenses pasar de una lógica de exportación a una lógica de presencia: operar localmente, entender reglas sectoriales y construir una estructura que acompañe el crecimiento sin añadir fricción innecesaria”, finalizó Esteban Elías, socio y Head of Latin America Practice de Leech Tishman.