Las declaraciones del presidente de Municipal Liberia, Wilder Eusse, abrieron un debate sobre el fútbol formativo tras referirse a la salida del goleador de la categoría U-14 rumbo a Liga Deportiva Alajuelense.
Durante una entrevista en Tigo Sports Radio, Eusse lamentó que su club no tenga la capacidad económica para retener a jóvenes talentos ante ofertas de equipos con mayor estructura. “El goleador de la U-14 se lo lleva la Liga y no somos capaces de amarrar 30 o 40 jugadores por lo que representa el impacto financiero”, expresó.
El jerarca fue más allá y añadió que, en su criterio, muchas decisiones se toman bajo presión económica. “Muchas veces son muchachos de familias muy humildes que no tienen la educación financiera para manejar estas cosas. Son niños de 13 o 14 años ganándose 480 mil colones, y a lo mejor es lo que se gana el papá al mes”, comentó.
Sin embargo, horas después, la narrativa tuvo una respuesta directa desde el ámbito familiar. Karla Ramos García, madre del joven Dereck Valerín, reaccionó en redes sociales a una publicación del periodista José Alberto Montenegro y rechazó que la decisión haya estado motivada por razones económicas.
Presidente de Liberia asegura que hay jóvenes de 14 años, con salarios que rondan los 480 mil colones. 😳 pic.twitter.com/K6n4bthnk2
— Tigo Sports Costa Rica (@tigosports_cr) January 15, 2026
“Gracias a Dios somos padres trabajadores y hemos apoyado a nuestro hijo en su pasión. No es por dinero, sino por las condiciones”, escribió. La madre explicó que el factor determinante fue el proyecto integral que ofrece Alajuelense a través de su Centro de Alto Rendimiento, donde el futbolista recibe educación, acompañamiento nutricional y apoyo psicológico, además de un entorno que exige disciplina y responsabilidad.
Ramos también señaló que en el club fueron claros desde el inicio respecto a las posibilidades reales del proceso. “Quizás llegue a ser profesional, quizás no. Es el sueño de mi hijo, pero a su edad la disciplina y la responsabilidad son muy importantes para la vida. Le digo que viva el presente”, añadió, al tiempo que agradeció la experiencia vivida en Liberia.
El cruce de versiones dejó en evidencia una tensión recurrente en el fútbol menor costarricense: la dificultad de clubes con menos recursos para competir frente a estructuras consolidadas y el peso que las familias dan a proyectos formativos más allá del aspecto salarial.
Más que un simple movimiento juvenil, el caso reabrió la discusión sobre cómo se gestionan las etapas tempranas del desarrollo y qué factores terminan inclinando la balanza cuando aparece un club con mayor infraestructura y proyección.