Eran las 11:00 p. m. en Tegucigalpa y el Motagua vivía una noche para el olvido. En Cartaginés era fiesta, música, gritos y celebración.
El Cartaginés dominaba con personalidad, y con el segundo gol al 73’ selló su boleto a la Concacaf Champions Cup, dejando al cuadro catracho eliminado ante su afición.
Pero lo que pocos vieron fue lo que ocurrió al cierre del primer tiempo, cuando el marcador seguía 0-0 y el ambiente comenzaba a tensarse.
El técnico argentino Andrés Carevic explotó.
Apenas sonó el silbato, el estratega cruzó la línea del campo con paso acelerado, gesticulando con fuerza y llamando a sus jugadores a un círculo urgente.
No esperó al camerino.
Ahí, en el centro del campo, se vivió una de esas escenas que explican por qué este Cartaginés cambió de actitud en el segundo tiempo.
🔥 “Nos reprendió, sí. Pero con respeto”
Un jugador brumoso que habló con ElMundo.CR a la salida del estadio lo resumió así:
“El profesor socó las tuercas con respeto, es fútbol. Es pasión y adrenalina. Nos reprendió, sí, pero más que eso fue hacernos ver, con una jugada que acababa de pasar, que no podíamos permitir eso una vez más.”
Un minuto antes del final de la primera parte, Motagua había tenido una jugada clara por la derecha, una desatención que enfureció al técnico.
En el plan de Carevic, el primer gol debía ser del Cartaginés, para manejar el ritmo emocional del estadio y desactivar la presión local.
Por eso, el argentino reunió a sus hombres y les habló con firmeza: no podían repetir errores del pasado reciente, cuando el equipo se quedaba corto en partidos decisivos.
🧩 El efecto inmediato
Lo que vino después fue un segundo tiempo perfecto.
Bernald Alfaro abrió el marcador tras una gran asistencia de Jesús Batiz, el mismo jugador al que Carevic había regañado segundos antes de salir del campo.
El Cartaginés fue un equipo completamente distinto: presión alta, intensidad y temple.
Ganó 1-3 (global 1-4) en el Estadio Chelato Uclés y volvió a un torneo de Concacaf después de 13 años de ausencia.
En conferencia de prensa, el técnico no negó el episodio, pero lo manejó con serenidad:
“Son cosas internas. Era un poco más de la situación que nos estábamos jugando. Sentí que era el momento de dar unas instrucciones fuera del vestidor y dentro corregí algunos aspectos.”
Sobre el desempeño de Batiz, fue claro:
“No hablo mucho de la parte individual, sino de lo grupal. Pensábamos que tenían que arrancar Batiz y Marcos Ureña. Batiz es un jugador rápido, desequilibrante, y la primera jugada dio asistencia.”
💪 El Cartaginés del carácter
Carevic, sonriente pero firme, resumió lo vivido con ElMundo.CR:
“Son momentos del partido. Las fieras y los monstruos en el campo son ellos. Uno solo recuerda ciertas cosas del plan de juego. Les agradezco el esfuerzo.”
La escena del regaño quedó como una muestra de carácter en un equipo que, en lugar de quebrarse, se fortaleció.
El Cartaginés recuperó su identidad, su temple y su lugar en el plano internacional.
Un “jalón de orejas” que terminó convirtiéndose en combustible para una noche histórica en Tegucigalpa: Cartaginés vuelve al plano mayor de la Concacaf tras 12 años de ausencia.