Una moneda terminó decidiendo lo que el fútbol no pudo resolver en la cancha y, de paso, alargó la sequía de títulos del Deportivo Saprissa en los 90 Minutos por la Vida. El club morado no gana esta actividad benéfica desde el 2010, según recordó el periodista Luis Enrique Bolaños, de Teletica.
Todavía no había finalizado el clásico entre Deportivo Saprissa y Liga Deportiva Alajuelense cuando la noche cayó sobre el Estadio Nacional con una magia distinta. El momento más emotivo llegó cuando la periodista Adriana Duránabrió el micrófono y anunció la cifra más esperada: ¢305 millones recaudados en la XXVI edición de los 90 Minutos por la Vida.
En esta ocasión, no se respiró la tensión habitual de los puntos ni la rivalidad feroz del campeonato. El marcador más importante no se movía con goles, sino con la esperanza de cientos de niños y sus familias que luchan contra el cáncer infantil.
Bajo el lema “Los capitanes somos todos”, Costa Rica demostró que, cuando se trata de solidaridad, no existen colores que dividan. El fútbol fue apenas el pretexto.
Nostalgia, leyendas y memoria
La jornada arrancó con un aire de respeto y recuerdos. El Club Sport Cartaginés de Amarini Villatoro abrió el telón ante una Alajuelense cargada de jóvenes del CAR. Pero el momento que erizó la piel fue el regreso de las leyendas: Paolo Jiménez con la brumosa y Javier Delgado con la rojinegra.
“Uno devuelve el casete años atrás y estoy feliz”, confesó Delgado, visiblemente emocionado.
El 0-0 reglamentario fue apenas una anécdota. En los shoot-outs, la efectividad de jugadores como Suhander Zúñiga y Carlos Barahona le dio el punto extra a los de la Vieja Metrópoli.
Cartaginés, Herediano y una postal eterna
La cuadrangular continuó con el duelo entre brumosos y florenses. Allí, la historia tomó forma humana con Germán Chavarría. A sus 67 años, el mundialista de Italia 90 calentó con la ilusión intacta para pisar nuevamente el césped del Nacional.
El juego fue discreto y los goles siguieron ausentes, pero la presencia de Chavarría fue un gol directo a la memoria colectiva. Cartaginés, más certero desde el punto de definición, se consolidó como líder simbólico de la tabla.
El cierre: clásico, cánticos y herencia
El plato fuerte llegó al final. El estadio, hasta entonces en silencio respetuoso, explotó cuando Saprissa y Alajuelense saltaron al campo. La esencia de la actividad alcanzó su punto más alto.
La imagen más emotiva fue ver a Víctor Cordero compartir cancha con su hijo Thiago. Tras otro empate sin goles, Saprissa se dejó el punto extra gracias al remate de Jorkaeff Azofeifa.
Desde un sector se escuchó:
—“Ahí, ahí, ahí está el campeón”…
—“Oeoeoeoé, Liga, Liga”…
La respuesta cruzó el estadio:
—“Oeoeoeoé, Monstruo, Monstruo”…
Ese duelo de cánticos fue el marco perfecto para una noche distinta.
Saprissa alineó una mezcla de experiencia y juventud, mientras que Alajuelense mantuvo su apuesta por los jóvenes del CAR, esos a los que Óscar Ramírez sigue observando de cerca. La novedad rojinegra fue Kenneth Vargas, quien jugará a préstamo durante un año.
Una moneda decide la historia
Con Saprissa y Cartaginés igualados en puntos, hubo que recurrir al azar. Una moneda lanzó la sentencia. La suerte cayó del lado brumoso.
Cartaginés se coronó campeón de esta actividad benéfica, mientras que Saprissa vio cómo su sequía en los 90 Minutos por la Vida se extendía por un año más.
Al final, sin embargo, el verdadero trofeo no fue a una vitrina. Fue para esos pequeños guerreros que hoy cuentan con ¢305 millones y con todo un país que decidió ponerse la cinta de capitán.