Fútbol Nacional

Saprissa está enfermo

Por mucho tiempo, el Deportivo Saprissa ha sostenido una imagen de grandeza, éxito deportivo y estabilidad institucional. Pero basta con mirar más allá de los trofeos y las celebraciones para notar que algo no anda bien. Saprissa, como institución, está enfermo. Y aunque no está en la sala de emergencias, los síntomas se acumulan con rapidez preocupante.

El 26 de setiembre del 2021 se hizo público que los socios de Horizonte Morado, grupo que controla al equipo, habían decidido acudir a un “Capital Call”, es decir, a una inyección de dinero por parte de algunos socios —no todos— para oxigenar las finanzas. El monto: $5 millones. Esa fue la señal temprana de que el club necesitaba aire, aunque en ese momento nadie habló de crisis ni de quiebra. Tampoco ahora. Pero lo cierto es que la salud financiera del Saprissa podría estar mucho mejor.

Las decisiones de los últimos meses dejan en evidencia una realidad que los títulos nacionales han maquillado, como si fueran curitas puestas sobre heridas profundas. El cierre del equipo femenino, anunciado el 9 de enero del 2025, fue el primer golpe simbólico. No solo por lo que significaba en términos deportivos y de identidad, sino porque lo que se percibió fue un corte presupuestario disfrazado de reestructuración.

Luego vino la declaración de Youstin Salas, jugador cedido al Sporting, quien dijo públicamente que el club no contaba con las condiciones adecuadas para trabajar la parte física. Sin obligatoriedad en el gimnasio y, en algunos casos, dependiendo de instalaciones privadas. ¿El Saprissa sin un programa estructurado de fortalecimiento físico? Increíble, pero cierto.

A eso se le suma el retraso en pagos con la Caja Costarricense del Seguro Social y Tributación, lo que impidió tener a tiempo a varios de sus jugadores extranjeros habilitados legalmente. Un problema administrativo que no es menor. Y tampoco se puede obviar el hecho de que Saprissa quedó fuera en la carrera por repatriar a figuras moradas que eligieron otras camisetas, entre ellas la de su eterno rival, alegando el club tibaseño que el mercado estaba inflado. O me pregunto si es que no lograron competir en lo económico.

Pero uno de los episodios más reveladores ocurrió esta semana, cuando se conoció que Vladimir Quesada, técnico del equipo Sub-15, fue separado de su cargo tras discutir con el coordinador de Liga Menor por la falta de condiciones básicas para los jóvenes. Un técnico de casa, tricampeón nacional, pidiendo atención médica para un jugador, y recibiendo como respuesta: “Si no le gusta, se puede ir”. Y se fue.

Todo esto ocurre bajo la gestión de Gustavo Chinchilla como gerente general, un profesional respetado, pero que, según el propio presidente Juan Carlos Rojas, “en mayo se conversará con él para ver cómo se siente”, debido al desgaste. Chinchilla es, precisamente, quien tenía entre sus metas fortalecer al Saprissa en lo económico. Su posible salida sería un golpe adicional.

Entonces no, Saprissa no está quebrado. Pero sí muestra signos evidentes de deterioro institucional. Como cuando un paciente empieza a manifestar síntomas que se ignoran porque “aún se ve bien”. Las alegrías en el terreno de juego no deben ser excusas para tapar lo que ocurre detrás de los camerinos.

Costa Rica necesita de un Saprissa competitivo, sí. Pero más aún, necesita de un Saprissa sano. Un club con una estructura sólida, con condiciones dignas para sus jóvenes, con gestión responsable y visión a largo plazo. Si eso implica la entrada de nuevos socios, la venta de acciones o una reconfiguración interna, no debería verse como una traición a la historia, sino como un paso necesario para preservar el legado.

Porque los títulos dan gloria. Pero la salud institucional es lo que da futuro.

Este es un artículo de opinión. 

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