La versión de que el Deportivo Saprissa busca un socio capitalista regresó con fuerza a las redes y a los pasillos del futbol costarricense. Sin embargo, el gerente general Gustavo Chinchilla asegura que la directiva morada no se siente presionada. Para él, el “silencio estratégico” que algunos interpretan como falta de transparencia es, en realidad, un método para proteger las negociaciones, blindar el proyecto deportivo y evitar que los rumores influyan en la toma de decisiones.
Una deuda antigua, un club en expansión
Chinchilla reconoce que la institución arrastra una deuda “importante” desde administraciones previas. “No hay nada oscuro —subrayó—; don Juan Carlos Rojas lo ha explicado más de una vez. Esa deuda heredada existe, pero nunca ha puesto en jaque el funcionamiento del club”. El gerente sostiene que el camino elegido es maximizar el valor de la marca Saprissa antes de abrir la puerta a un inversionista: “El esfuerzo es valorizar al club lo más posible y, eventualmente, sumar un socio que traiga nuevas cosas a la institución”, en 120 Minutos.
Para sustentar su optimismo, Chinchilla reveló que los ingresos crecieron 60 % en los últimos cinco años. El flujo adicional provino de mayores derechos de televisión, patrocinadores, taquillas y la activación comercial de la marca en mercados extranjeros. Ese dinero, explica, ya se reinvirtió en:
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la modernización del centro deportivo y de las categorías menores,
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la profesionalización de áreas médicas, tecnológicas y de scouting,
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mejoras estructurales y de seguridad en el Estadio Saprissa.
“Todos los meses pagamos la amortización de la deuda —apuntó— y aun así continuamos invirtiendo. No hemos tenido que frenar proyectos por falta de liquidez”.
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Interesados hay… pero el filtro es estricto
El dirigente confirmó que existen grupos locales e internacionales que tocan la puerta morada: “Se acerca un grupo, luego otro; nunca cerramos la puerta”. Pero advierte que estos procesos son largos y deben cumplirse en silencio: “Cuando Saprissa deja espacios de silencio, la gente aprovecha para debilitarnos, para “echarle tierra”. Por eso preferimos trabajar con cabeza fría”, dijo.
Aunque Chinchilla evitó detallar montos o nombres, sí deslizó el perfil buscado: socios capaces de inyectar capital y conocimiento sin alterar la identidad histórica del club. “El eventual inversionista debe entender la esencia saprissista y añadir valor real. No buscamos salvavidas, buscamos aliados”, recalcó.
Balance deportivo bajo Horizonte Morado
Los detractores señalan la deuda para cuestionar la gestión. El gerente responde con números de la cancha: “En la era de Horizonte Morado ganamos el tetracampeonato, batimos récord de puntos y sostenemos un proyecto de fuerzas básicas que ya surte al primer equipo”. Para Chinchilla, “juzgar esta administración como un desastre” es desconocer la evolución deportiva y financiera.
Insiste en que los rumores no alterarán la ruta marcada:
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Seguir reforzando la estructura: categorías menores, liga femenina y equipo de análisis de datos.
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Mantener el equilibrio deuda–inversión: pagar la obligación sin frenar la competitividad.
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Explorar con calma la llegada de un socio estratégico: «cuando convenga al proyecto y a la identidad del club».
El valor del silencio
Chinchilla zanja la discusión con una frase que resume su filosofía de gestión: “Los rumores no marcan nuestra agenda”. Mientras tanto, la afición observa y los posibles inversores esperan turno. En un entorno futbolístico donde los balances se airean a menudo en público, Saprissa apuesta por el silencio —no por opacidad— como un recurso para negociar sin distracciones, proteger la marca y sostener el rendimiento deportivo que la historia y su hinchada exigen.