En el fútbol costarricense, las diferencias entre Saprissa y Alajuelense no solo se dan en la cancha, sino también en el ámbito financiero. Mientras Alajuelense realiza contrataciones de alto nivel, Saprissa ha optado por ser más cauteloso y manejarse bajo una estricta disciplina financiera. Esta realidad genera preguntas entre los aficionados, quienes observan cómo su equipo se limita a la hora de fichar, mientras sus rivales invierten sin tantas restricciones.
La posición financiera de Saprissa
Esta semana, el gerente deportivo del Saprissa, Gustavo Chinchilla, confirmó que el equipo morado sigue una política financiera estricta, lo que ha afectado las posibilidades de reforzar al equipo con jugadores de renombre. En declaraciones recientes, mencionó que Saprissa no se acercó ni siquiera a negociar con Bryan Oviedo, quien terminó firmando con Alajuelense. Aunque varios aficionados habrían querido ver de regreso a canteranos como Celso Borges, Yeltsin Tejeda, Chinchilla explicó que, en Saprissa, “hay que tomar decisiones difíciles” debido a las responsabilidades financieras.
“Nos regimos por una disciplina financiera”, afirmó Chinchilla, explicando que, aunque sentimentalmente les hubiese gustado contar con estos jugadores, la disciplina financiera de la institución impide hacer fichajes a cualquier costo.
Este enfoque contrasta con lo que ocurre en Alajuelense, donde el club parece tener más libertad para atraer a jugadores que han destacado a nivel internacional.
¿Por qué Saprissa necesita apegarse a esta disciplina?
La situación de Saprissa no es nueva. Desde hace años, el club ha estado lidiando con responsabilidades financieras significativos. En 2021, Saprissa tuvo que recurrir a un “Capital Call”, una estrategia financiera en la que los socios aportan capital adicional para cubrir las deudas y mantener la operación del equipo. Según el analista financiero Daniel Suchar, dijo a Mundo Deportes, en el 2021, esta medida indica que el equipo no puede generar suficientes ingresos para cubrir sus gastos operativos y financieros, lo que limita la capacidad de Saprissa para competir en el mercado de fichajes.
En aquel momento, la deuda del equipo rondaba entre los $18 y $19 millones, lo que obligó a la directiva a tomar decisiones drásticas para no comprometer el futuro del club. Como resultado, Saprissa ha reducido su planilla administrativa y ha ajustado los salarios de los jugadores, pero sigue operando bajo una estricta vigilancia financiera para evitar caer en más deudas.
La dirigencia morada dijo hace unas semanas, al diario La Nación, que el año anterior fue un gran momento para los ingresos del equipo.
Sin embargo, sobre el monto actual de la deuda no se emite palabra en La Cueva bajo el criterio que es un dato confidencial en la operación.
Meses atrás, Chinchilla fue sincero en Radio Monumental “que el monto mensual que paga por la deuda es un factor importante en la operación del club”.
Fuentes allegadas al club morado, nos comentaron que el monto de la deuda hoy es mayor, pero se debe a que los ingresos de los últimos años son muy buenos y eso aumenta la capacidad de endeudamiento, algo natural en una empresa.
Alajuelense: fichajes de lujo sin restricciones
Por otro lado, Alajuelense se encuentra en una situación diametralmente opuesta. El equipo manudo no enfrenta las mismas restricciones financieras que su archirrival. Esto le ha permitido reforzarse con jugadores como Celso Borges y Bryan Oviedo. Además de Joel Campbell el año anterior.
Alajuelense ha sabido manejar sus finanzas de forma eficiente y seguir fichando jugadores de calidad sin comprometer la estabilidad económica del club. A diferencia de Saprissa, que tuvo que reestructurar su planilla, Alajuelense ha podido mantener una política de contrataciones agresiva, lo que le permite ser competitivo tanto a nivel local como internacional.
Los manudos lograron salir de una quiebra técnica en el 2020, gracias a una renegociación en los derechos de transmisión, venta de jugadores a montos que superan el millón de dólares y el negocio de la indumentaria con Kelme.