El semestre fue corto.
Pero el golpe, largo.
Liga Deportiva Alajuelense cerró el Clausura 2026 con una herida profunda: eliminación en fase regular, sin semifinales y sin margen para matices. Para un club de su dimensión, eso no admite eufemismos. Es un fracaso.
No por percepción.
Por resultado.
La firma del proceso
Entre el 18 de abril del 2025 y abril del 2026 hay un mismo nombre que explica los extremos. Óscar Ramírez.
Fue el arquitecto del éxito total en el segundo semestre del 2025. El equipo que lo ganó todo llevaba su sello. Pero ese mismo liderazgo también deja huella en lo que vino después. En el fútbol, el crédito y la responsabilidad no se dividen.
Se asumen completos.
Ramírez tardó en tomar decisiones clave. Hubo tiempo, hubo opciones de fichajes y no se ejecutaron con la urgencia que exigía el contexto. A eso se suma una elección estructural: no reemplazar la salida de Marcelo Sarvas en el cuerpo técnico.
Optó por una base reducida.
Y el semestre le pasó factura.
Un equipo que se rompió
El otro gran factor fue físico.
Y fue determinante.
Alajuelense pasó de un semestre prácticamente limpio en lesiones a uno marcado por una epidemia. Más de diez problemas musculares, entre nuevas dolencias y recaídas, evidenciaron un desgaste que nadie logró contener a tiempo.
Ahí está el punto crítico.
Porque una lesión puede ser fortuita. Dos también. Pero cuando el patrón se repite, deja de ser casualidad. Pasa a ser gestión. Y en ese tramo, entre enero y abril, el equipo nunca logró frenar la caída.
A eso se suman golpes inevitables: las rupturas de ligamento cruzado de Guillermo Villalobos, Santiago van der Putten y Marco Pilone. Situaciones que no se controlan, pero que agravan un contexto ya debilitado.
La estructura se resintió.
Y nunca se recuperó.
Los puntos que no se pueden perder
Alajuelense también falló donde no debía.
No le ganó a sus rivales directos. Ni a Herediano, ni a Saprissa, ni en los momentos que definían el rumbo del torneo. Pero más grave aún: dejó puntos contra equipos que, en el papel, no estaban llamados a quitarle margen.
Guadalupe.
Sporting.
Puntarenas.
Ahí se escapó el torneo.
Porque en campeonatos cortos, cada error pesa el doble. Y cuando se combinan tropiezos ante los grandes con pérdidas inesperadas, el desenlace es inevitable.
Los jugadores de Alajuelense tienen una cuota enorme. Como dijo Aarón Salazar tras finalizar el torneo en Liberia: ‘No hay nadie que se salve’.
Indisciplina que pesa porque merma el ambiente interno y desilusiona a la afición.
Un fracaso sin excusas
El resultado final no es producto de un solo factor. Es la suma de decisiones, omisiones y circunstancias mal gestionadas.
Un cuerpo técnico corto.
Un mercado mal resuelto.
Un equipo golpeado físicamente.
Y una competencia que no perdona.
Todo junto construyó el desenlace.
Alajuelense pasó de la cima absoluta al vacío competitivo en cuestión de meses. Y aunque siempre habrá explicaciones externas, la respuesta real está adentro.
Ahí donde se toman decisiones.
Y donde, esta vez, no alcanzaron.