Por Cecilia Caminos (dpa)
Buenos Aires, 6 ago (dpa) – Un año bastó a Marcelo Gallardo para convertirse en uno de los técnicos más exitosos de la historia de River Plate. Casi sin experiencia en el cargo, el joven entrenador sorprendió a propios y extraños y guió al club argentino hasta lo más alto del fútbol sudamericano.
A fuerza de trabajo obsesivo, ojo clínico para las incorporaciones y una gran capacidad de manejo grupal al interior del vestuario, el “Muñeco” consiguió a sus 39 años cumplir el sueño de consagrarse campeón de la Copa Libertadores, 19 años después de haberla ganado como jugador “millonario”, un hito histórico en el club argentino.
No fue un hecho aislado, porque en su corto ciclo en River se dio varios gustos, desde llevar dos títulos inéditos a las vitrinas del club, la Copa Sudamericana y la Recopa Sudamericana, hasta eliminar dos veces al eterno rival de los “millonarios”, Boca Juniors, en torneos internacionales.
“Hace un año, cuando llegué, era muy difícil imaginar todo esto. Siento una gran emoción por lo que estamos consiguiendo. Dios me ha premiado con esto”, expresó Gallardo al borde de las lágrimas, tras sumarse a los festejos del plantel en el estadio Monumental.
El técnico tuvo que postergar el abrazo con los jugadores por la sanción disciplinaria que le prohibió seguir desde el banco la final con Tigres de México en el estadio, pero igual disfrutó como pocos el momento histórico de su club bajo una intensa lluvia que convirtió en aun más épica la coronación.
“Este es un grupo de profesionales que se entrena con mucha dedicación y siempre siguió así hasta el final. Y va por más, siempre fue competitivo más allá de sobresaltos y muchos obstáculos en los que tuvo que sacar algo para volver a brindarse. No fue fácil el recorrido”, resumió el entrenador tras ingresar al campo de juego minutos después del final del 3-0 sobre Tigres y recibir la ovación del público.
Desde que llegó a River de la mano del manager Enzo Francescoli -ex compañero suyo en los 90- para suceder a Ramón Díaz como técnico, Gallardo tuvo que reinventar varias veces el equipo.
En 12 meses el plantel cambió mucho de rostros. A veces forzado por las circunstancias, la partida de jugadores importantes o lesiones, otras guiado por un instinto que sorprendió pero que se mostró efectivo, como la recuperación de los uruguayos Rodrigo Mora y Carlos Sánchez, que habían sido relegados por Díaz, o las incorporaciones de Lucas Alario y el uruguayo Tabaré Viudez, que resultaron decisivos para llegar a la final de la Libertadores.
“Marcelo nunca nos pide un punta, un volante por la derecha. Nos dice: ‘Traeme a Alario, a (Nicolás) Bertolo. Traeme a Viudez’. Y eso lo valoro porque no sólo lo piensa por la calidad que puede tener un jugador sino en el marco de la estrategia que tiene para River”, destacó hoy el presidente del club, Rodolfo D’Onofrio. Es “un caballero, un trabajador enorme, un hombre que lidera los grupos”, aseguró el directivo.
Del juego vistoso que mostró en sus primeros meses en el equipo, el River de Gallardo se transformó este año en un equipo áspero y combativo, con una fuerte personalidad, consciente de que la difícil Libertadores no sólo premia el buen fútbol. Pese a los cambios, River consiguió mantenerse en lo más alto y Gallardo ganarse el apodo de “Napoleón” por su capacidad estratégica.
Gallardo es un hombre de River, club en el que jugó en las divisiones inferiores y debutó profesionalmente en 1993. La carrera lo llevó a jugar en el Mónaco, el París Saint Germain francés y el DC United estadounidense, con un breve retorno a River en 2009 para luego retirarse en el Nacional de Uruguay.
Tuvo un breve pero exitoso debut como técnico en el club uruguayo, donde se consagró campeón en su primer año, y Francescoli lo convenció para dar el salto y suceder a una leyenda en River como Ramón Díaz.
Ahora llegan nuevos desafíos, al margen del torneo argentino de primera división en el que está segundo a tres puntos de los líderes San Lorenzo y Boca Juniors. River parte hoy mismo rumbo a Japón a disputar la Copa Suruga Bank. Luego llegarán la defensa de la Copa Sudamericana y el Mundial de Clubes, donde lo esperará el Barcelona de Lionel Messi en un nuevo viaje a tierras orientales.
“El objetivo en un año es plasmar una idea superadora de juego”, anticipó Gallardo. “¡Vamos por más!”, prometió fiel a su espíritu insaciable.
