Durante años, Erick Lonnis fue una de las voces que más insistió en los códigos del fútbol. En 2023, cuando estalló una polémica por un supuesto insulto en cancha, su postura fue tajante: lo que pasa en la cancha se queda en la cancha. Defenderse —decía— no era salir a llorar a los micrófonos ni ventilar episodios del partido en redes sociales, sino resolverlo donde corresponde y con sensatez.
Dos años después, ya instalado como mandamás deportivo del Deportivo Saprissa, el discurso cambió. Y cambió de forma llamativa.
Tras el empate 2-2 ante Puntarenas FC en el debut del Clausura 2026, Lonnis levantó la voz y apuntó directamente al arbitraje y al VAR. Habló de condicionamientos, de jugadas revisadas con lupa en contra y de otras que, según su criterio, ni siquiera se miraron. No fue una queja tibia ni medida. Fue frontal. Pública. Reiterada.
La ironía apareció horas después, cuando la propia Comisión de Arbitraje expuso los audios del VAR. En ellos queda claro que el árbitro William Mattus tuvo una discusión con Mariano Torres y que, luego, soltó una frase impropia que encendió las redes. A partir de ese material, Saprissa publicó un comunicado oficial de rechazo y exigencia. Y todos en el medio saben una cosa: en la administración actual del club, nada de ese calibre se publica sin el visto bueno de Lonnis.
Aquí es donde el espejo se vuelve incómodo.
Porque esta forma de proceder —exponer el tema en la arena pública, escalar el conflicto, presionar a las autoridades— se parece demasiado a la que durante años ha caracterizado a Jafet Soto, presidente del Herediano. Precisamente uno de los personajes del fútbol nacional con los que Lonnis nunca comulgó y a quien cuestionó en más de una ocasión, incluso desde su programa dominical Deporte Más.
Soto ha construido su estilo a punta de micrófono, denuncia y confrontación directa con el arbitraje. Lonnis, en cambio, se presentaba como el dirigente que apostaba por el análisis, el manejo interno y el respeto a los códigos no escritos del juego. Por eso el giro llama tanto la atención: hoy, el libreto suena peligrosamente similar.
No se trata de negar que existan errores arbitrales o de minimizar expresiones que no deberían darse desde una autoridad en cancha. Eso sería ingenuo. El punto es otro: la coherencia. En 2023, Lonnis calificó de “majadería” sacar a la luz pública episodios ocurridos durante un partido. Habló de no “pasar lloriqueando” y de defenderse con inteligencia. Hoy, un tema que nació en la cancha terminó amplificado por un comunicado institucional y por una narrativa que pone al arbitraje como eje del discurso postpartido.
¿Es o no es exactamente eso lo que antes criticaba?
Saprissa tiene derecho a fijar postura. Como lo tiene cualquier club. Pero cuando quien lidera ese mensaje es alguien que construyó su credibilidad diciendo todo lo contrario, la comparación se vuelve inevitable. Y duele más porque el espejo no lo pone la prensa ni la afición: lo pone el propio pasado de quien hoy alza la voz.
Paradójicamente, en su intento por marcar diferencia, Lonnis terminó acercándose al estilo que tantas veces señaló desde la vereda de enfrente. En La Cueva, el discurso cambió. Y hoy, aunque a algunos no les guste admitirlo, suena demasiado a Jafet Soto.
Este es un artículo de opinión.