Costa Rica volvió a perder, no muestra señales de mejoría y el llamado recambio generacional sigue sin ofrecer resultados. La derrota 0-2 contra Haití dejó a la Tricolor prácticamente fuera de la pelea en la Liga de Naciones y la obliga ahora a mirar hacia una zona que hasta hace poco parecía impensable: la lucha por evitar el descenso.
Lo ocurrido en el estadio Sabina Park, en Jamaica, no fue una sorpresa. Fue la confirmación de una crisis que viene golpeando a la Selección Nacional desde hace meses.
La Sele perdió 0-2 contra Haití y sumó una nueva decepción apenas unos días después de desperdiciar una ventaja de tres goles y caer 3-4 frente a Curazao en el estadio Ricardo Saprissa.
Dos partidos, dos derrotas y cero puntos.
El panorama para Fernando “Bocha” Batista, Rónald González, los jugadores y el Comité Ejecutivo de la Federación Costarricense de Fútbol es cada vez más complicado.
Y ahora aparece un escenario que puede resultar todavía más doloroso.
Costa Rica mira hacia abajo
Curazao y Haití tomaron ventaja en el Grupo A de la Liga A, mientras Costa Rica quedó obligada a disputar con Nicaragua una batalla muy diferente a la que imaginaba antes de comenzar el torneo.
La Tricolor viajará este miércoles rumbo a Nicaragua para disputar un partido que adquiere dimensiones enormes.
Es un duelo entre dos selecciones necesitadas y Costa Rica está obligada a ganar.
Una caída podría acercar a La Sele a un escenario catastrófico: perder su lugar en la Liga A y tener que afrontar las consecuencias deportivas que eso supone para el próximo ciclo de Concacaf, incluida su ruta hacia la Copa Oro.
Costa Rica cerrará posteriormente esta fase nuevamente contra Haití, esta vez en territorio nacional.
Un recambio que no termina de caminar
La preocupación, sin embargo, trasciende los resultados de esta Liga de Naciones.
Costa Rica inició un proceso de renovación generacional que hasta ahora no encuentra estabilidad. Durante los últimos meses se han acumulado resultados negativos, lesiones, sanciones y situaciones extracancha, mientras dentro del terreno de juego tampoco aparece una evolución sostenida.
Ahora se suma la expulsión de Manfred Ugalde, otra baja para un equipo que ya llega golpeado al momento más delicado del torneo.
Cambiar al director de Selecciones, cambiar al entrenador o modificar nuevamente la convocatoria puede formar parte de la discusión. Pero existe una realidad más profunda: Costa Rica no preparó su recambio generacional en tiempo y forma y ahora intenta hacerlo mientras compite por resultados inmediatos.
El contexto del fútbol costarricense tampoco ayuda. Los clubes nacionales vienen sufriendo para imponerse regionalmente y los resultados internacionales han encendido señales de alerta sobre el nivel competitivo.
Nicaragua, una final anticipada
El siguiente capítulo será en Managua.
Costa Rica ya prácticamente no tiene margen para otro tropiezo. Necesita ganar para tomar aire y evitar que una mala Liga de Naciones termine convirtiéndose en un problema mucho mayor.
Después vendrá Haití nuevamente.
La Sele empezó esta competencia pensando en avanzar. Dos partidos después, la conversación es radicalmente distinta.
Ya no se trata únicamente de clasificar. Costa Rica necesita evitar que la crisis termine llevándola a un escenario que hace apenas unas semanas parecía inimaginable.