El pitazo final sonó y la Selección de Costa Rica quedó congelada en el tiempo. Uno por uno, los jugadores se desplomaron sobre el césped del Estadio Nacional, como si el peso de la eliminación les hubiera cortado las piernas. Las lÔgrimas empezaron a caer incluso antes de que el público procesara lo ocurrido: Costa Rica, otra vez, fuera de un Mundial.
Celso Borges, de los pocos que se mantuvo de pie, lloró como un adulto frente a todos, pero en el camerino lo hizo como un niƱo. Dio declaraciones, dio la cara, incluso sabiendo que su responsabilidad en este fracaso era mĆnima: apenas fue convocado al final del proceso por decisión de Miguel āPiojoā Herrera. Kendall Waston tambiĆ©n enfrentó a la afición, con la voz quebrada, reconociendo la frustración de un equipo que nunca encontró su identidad.
Pero Keylor Navas no dijo una sola palabra.
No hubo un gesto, no hubo una despedida, no hubo un mensaje.
El Ćdolo mĆ”s grande de la historia reciente del fĆŗtbol costarricense se marchó en silencio absoluto, caminando directo al tĆŗnel, sin mirar atrĆ”s.
Ese silencio āfrĆo, profundo, simbólicoā dice mĆ”s que cualquier conferencia de prensa.
Un regreso que nació lleno de ilusión
La vuelta de Keylor a la Tricolor habĆa sido un acontecimiento nacional. Tras anunciar su retiro en mayo de 2024, reapareció un aƱo despuĆ©s con un objetivo claro: ayudar a Costa Rica a volver a un Mundial. Lo hizo motivado por lo que muchos catalogaron como la eliminatoria āmĆ”s fĆ”cilā de la historia: tres anfitriones ya clasificados (MĆ©xico, Estados Unidos y CanadĆ”) y solo un par de rivales fuertes en el camino.
El técnico Miguel Herrera lo abrazó desde el inicio:
āPara mĆ es uno de los top 5 del mundoā.
La afición recuperó la esperanza. El camerino ganó liderazgo. Y el arco volvió a tener al guardiÔn que tantas veces salvó partidos imposibles.
De la ilusión al derrumbe
Pero fue una ilusión fugaz.
La Selección se perdió en errores tĆ”cticos, desconexión, falta de gol y decisiones tardĆas. Cada partido fue una advertencia⦠que nunca se atendió.
La eliminación quedó sellada con el 0-0 ante Honduras, un juego donde Costa Rica necesitaba un gol para ir al repechaje, después del triunfo de Guatemala sobre Surinam. Ese gol nunca llegó.
En los minutos finales, con la desesperación empujando desde las graderĆas, los jugadores desde el banquillo le gritaban al cuerpo tĆ©cnico lo que habĆa que hacer, información desesperada, indicaciones improvisadas⦠pero ya era demasiado tarde.
La noche que pudo ser histórica⦠y terminó en tragedia
Para Navas, este resultado marca un golpe profundo.
Su regreso pudo haber sido la despedida perfecta: un Mundial mÔs, un último viaje, un cierre digno de su legado. Pero el fútbol suele ser cruel con sus héroes.
Keylor estuvo a la altura, pero el equipo no.
La defensa perdió solvencia, el medio campo no generó y la delantera se quedó sin pólvora. El portero regresó a una Selección rota y, con todos los esfuerzos, no logró sostenerla a flote.
El silencio que lo dijo todo
Mientras algunos se abrazaban entre lÔgrimas y otros trataban de agradecer a la afición, Navas ya iba camino al camerino, sin detenerse, con la mirada fija. No hubo palabras para la prensa, no hubo despedida pública, no hubo mensaje a la afición.
Fue el acto mƔs doloroso de la noche.
Tal vez consciente de que habĆa regresado para un sueƱo que terminó convirtiĆ©ndose en pesadilla.
Tal vez entendiendo que su ciclo ya estĆ” cerrado.
Tal vez procesando el golpe mƔs duro de toda su carrera con la Sele.
Porque si esta fue la última vez que vistió la camiseta nacional, entonces el final fue tan inesperado como cruel.