El fútbol a veces no da tiempo ni para asimilar los cambios. Malcon Pilone es hoy la mejor prueba de ello. En cuestión de días, el mediocampista argentino pasó de enfrentar a Liga Deportiva Alajuelense en el Estadio Alejandro Morera Soto a contar las horas para un posible debut con la camiseta rojinegra.
La escena resulta casi irónica. El 15 de enero, Pilone pisó la gramilla del Morera como futbolista de Municipal Liberia, defendiendo los intereses pamperos en la primera fecha del Clausura 2026. En ese momento, no había señales públicas de un giro tan abrupto en su carrera. Sin embargo, el fútbol —y el mercado— aceleraron todo.
Un giro que nadie vio venir
Lo que ocurrió después fue vertiginoso. A inicios de la semana llegó la primera llamada. El jueves todavía jugó con Liberia, el viernes ya existía un acuerdo y el sábado Alajuelense oficializó su fichaje, tras completar la firma de los documentos. Este martes por la mañana, el volante quedó debidamente inscrito y habilitado, y horas después apareció en la convocatoria para el partido ante Guadalupe en el estadio Colleya Fonseca.
De rival directo a posible refuerzo inmediato, sin escalas. Así de rápido.
“No lo dudé”
Pilone, de 28 años, rompió el silencio ya como jugador de Liga Deportiva Alajuelense a través de la oficina de comunicación del club. Su mensaje fue claro: cuando apareció la oportunidad, no hubo dudas.
“Estoy muy feliz por estar en un club tan grande como la Liga. Apenas se dio la oportunidad no lo dudé, dije que sí. Me siento muy feliz acá y espero poder aportar para el equipo”, expresó el mediocampista.
No habla desde la improvisación. Pilone conoce el fútbol costarricense como pocos extranjeros. Llegó al país en 2020, pasó por AD Guanacasteca, vivió la Segunda División, regresó a Primera, volvió al ascenso con Liberia y fue pieza clave en el camino que devolvió a los pamperos a la máxima categoría. Seis años de recorrido que hoy desembocan en el salto más grande de su carrera en Costa Rica.
Del sueño lejano a la realidad inmediata
El propio jugador admite que el desenlace lo tomó por sorpresa. “Uno siempre sueña, pero nunca pensé que se iba a dar tan rápido”, reconoció al recordar que hace apenas días estaba intentando frenar a los futbolistas que ahora pueden ser sus compañeros. La cercanía temporal entre su último partido ante la Liga y su eventual estreno como manudo vuelve la historia aún más llamativa.
Pilone llega con un perfil definido: buen manejo de balón, vocación asociativa y disposición para el desgaste cuando el equipo no tiene la pelota. “Me gusta participar, ponerla al pie, hacer jugar a mis compañeros y correr para recuperarla cuando no la tenemos”, explicó.
Presión, competencia y un mensaje al liguismo
Lejos de intimidarse por la planilla rojinegra, el argentino asume el reto con naturalidad. Sabe que competirá con futbolistas consolidados, pero entiende que ese es el camino para crecer. También tiene claro el peso del escudo que ahora defiende.
“Cuando llegás a un equipo grande, lo primero que te dicen es que hay que ganar partidos y campeonatos. El objetivo está clarísimo”, afirmó, antes de enviar un mensaje directo a la afición: entrega total cada vez que pise la cancha.
Hoy, el fútbol le ofrece a Pilone un debut casi inmediato, en un escenario distinto y con una camiseta que hasta hace días enfrentaba. El balón ahora está del otro lado. Y el giro, tan rápido como inesperado, ya es parte del Clausura 2026.