No fue perfecto.
Pero tampoco fue más de lo mismo.
En el debut de Fernando “Bocha” Batista, la Selección de Costa Rica dejó algo que hacía tiempo no aparecía: señales.
Señales de cambio.
Un inicio que rompió el molde
Costa Rica empató 2-2 ante Jordania, una selección mundialista, en un partido que tuvo de todo.
Orden.
Errores.
Y, sobre todo, reacción.
Desde el inicio, la Tricolor mostró una intención distinta. No salió a esperar. Salió a presionar alto, a incomodar, a proponer.
La línea de tres en defensa se vio firme en la primera parte, con Juan Pablo Vargas como eje. El equipo se plantó con personalidad, algo que no era común en el cierre del proceso anterior.
La pelota quieta volvió a ser arma
Uno de los detalles más evidentes estuvo en la táctica fija.
Andrey Soto asumió la responsabilidad… y respondió.
Cada balón detenido llevaba intención.
Cada centro generaba peligro.
Guillermo Villalobos y el propio Vargas ganaron en el juego aéreo, mostrando una faceta que en la eliminatoria pasada prácticamente no existía.
No hubo gol en ese tramo.
Pero sí una sensación distinta.
El golpe que revive fantasmas
El segundo tiempo trajo recuerdos incómodos.
Apenas al minuto 49, una acción de Jeyland Mitchell terminó en penal, que Baha’a Faisal convirtió sin problema.
El equipo se desordenó.
Perdió ritmo.
Perdió control.
Y cuando cayó el 2-0 al minuto 76, tras una jugada que evidenció problemas en la marca, todo parecía escrito.
Otra derrota.
Otro golpe.
Otra historia repetida.
La respuesta que cambia el mensaje
Pero esta vez hubo reacción.
Y ahí está la diferencia.
Costa Rica dejó de jugar con miedo y empezó a jugar con urgencia.
El penal ejecutado por Josimar Alcócer, que terminó en gol tras el rebote, encendió algo más que el marcador.
Encendió al equipo.
Encendió el cierre.
El empate que vale más que un resultado
Con el impulso a favor, la Tricolor empujó.
Presionó.
Se lanzó.
Y encontró el 2-2 en una jugada de balón detenido que Jefferson Brenes puso al área y Warren Madrigal convirtió de cabeza.
Los cambios funcionaron.
El equipo respondió.
Y, por primera vez en mucho tiempo, Costa Rica no se resignó.
Más que un empate
El resultado no define el proceso.
Pero sí deja pistas.
Fernando Batista no ha cambiado todo.
Pero ya empezó a mover piezas.
Y eso se nota.
Porque esta Sele mostró orden… pero también carácter.
Errores… pero también respuesta.
Y en un fútbol donde lo mental pesa tanto como lo táctico, eso no es menor.
Lo que viene
Costa Rica volverá a la cancha el próximo martes 31 de marzo, cuando enfrente a Irán.
Ahí habrá otra prueba.
Otro examen.
Y otra oportunidad para confirmar si esto que se vio ante Jordania…
es apenas un destello.
O el inicio real de un cambio.