Alajuelense está invicto, sí. Pero el equipo de Alexandre Borges Guimaraes no termina de convencer. La seguidilla de empates ya no se ve como una señal de solidez defensiva, sino como un síntoma de estancamiento. Y en un club como la Liga, ganar no es solo una expectativa: es una exigencia.
El entorno que rodea a Alajuelense no concede espacio para las justificaciones. Aquí, el cómo se gana importa poco; y si eso no pesa, mucho menos importa cómo se empata. Pero para Guimaraes, el cómo sí parece importar. Y ahí comienza el desencuentro con la afición.
El recorrido por la fase regular deja un dato contundente: 17 jornadas, 10 empates. Invicto, sí. Pero el liguismo preferiría de lejos haber perdido un par… si eso significara estar en la cima. Puntarenas y Herediano lo entienden: se gana como sea. La Liga, en cambio, acumula frustraciones.
Hay igualdades que resuenan como derrotas. No ganarle a San Carlos en dos intentos. El empate en La Cueva contra Saprissa, que en la retina rojinegra duele más por la forma en que ocurrió. Aunque para algunos sea fácil escudarse en un tiro de esquina de más, el fondo no cambia.
A Guimaraes le espera una semana crucial. Primero, Sporting: un equipo sin grandes méritos, pero que puede arrancar un empate imperdonable del Morera Soto. Luego, el clásico nacional ante un Saprissa que, con sus altibajos, aún ruge en la pelea.
¿Y si la Liga pasa de luchar por el liderato a pelear por el tercer o cuarto lugar, codeándose con Cartaginés y los morados? Puede pasar. Esta Liga de Guimaraes es una caja de Pandora: todo es posible.
Y Guimaraes… su discurso ya cansa. Porque mientras él encuentra explicación a todo, los empates siguen enfermando al liguismo. Y la cura no parece llegar.