El crédito se agotó. En Tibás ya no hay margen para la paciencia y el mensaje fue claro desde las graderías: La Cueva dejó de conceder indulgencias. El Deportivo Saprissa atraviesa un presente incómodo, sin títulos desde hace año y medio, fuera del mapa internacional y con un rendimiento que no convence ni siquiera cuando el resultado acompaña.
El empate sin goles ante Cartaginés, lejos de calmar las aguas, profundizó el malestar. No fue solo el 0-0, sino la sensación de un equipo plano, sin continuidad ni autoridad futbolística, incapaz de imponer condiciones en su propio estadio.
Esta vez, la afición no esperó al pitazo final para manifestarse. Desde el calentamiento, los silbidos bajaron desde las graderías. Gerson Torres fue uno de los primeros en sentirlo, incluso antes de ingresar al campo, y cuando lo hizo, el reproche fue mayor. Orlando Sinclair tampoco escapó: su salida fue acompañada por una sonora silbatina que reflejó el descontento general.
La reacción del público dejó claro que ya no se trata solo de resultados, sino de formas. La hinchada acompaña, llena el estadio, pero exige señales. Exige un equipo reconocible, intenso y con ambición sostenida durante los 90 minutos.
No todo fue castigo. La Cueva también supo distinguir esfuerzos. Bancy Hernández recibió aplausos por su insistencia y actitud, lo mismo que Luis Javier Paradela, quien aportó movilidad en un ataque que, aun así, nunca logró romper el cerrojo brumoso.
En lo futbolístico, Saprissa mostró orden y presión en algunos pasajes, especialmente en el segundo tiempo, pero careció de claridad y desequilibrio. El regreso de Mariano Torres no fue suficiente para encender un juego que pasó poco por su zurda y que nunca logró conectar con los hombres de ataque. El equipo empujó, sí, pero sin colmillo.
El empate terminó siendo negocio para Cartaginés, que se marchó líder en solitario, mientras los morados quedaron relegados al sétimo puesto, con apenas cinco puntos, muy lejos de lo que dicta su historia y su exigencia interna.
El final fue el reflejo del momento: abucheos, frustración y un grito unificado de “Fuera Vladimir” que retumbó en Tibás. No es una protesta aislada. Es el síntoma de una afición que sigue estando, pero que ya no está dispuesta a conformarse.
En Saprissa, la tolerancia se acabó. Y lo que viene dependerá de si el equipo responde… o si el ruido en La Cueva sigue creciendo.