Visiblemente golpeado, Vladimir Quesada compareció tras la eliminación del Deportivo Saprissa en la Copa Centroamericana de Concacaf, luego del empate 0-0 contra Motagua en Tibás. Pero lejos de señalar a sus futbolistas, el técnico morado sacó su lado más paternal y eligió reconocerlos.
“Quiero reconocer a nuestros jugadores el esfuerzo que hicieron en el terreno de juego. La actitud es diferente y está a la vista. Cada uno de ellos dio lo mejor, con aciertos y desaciertos, pero ninguno bajó los brazos, y debemos estar satisfechos”, expresó Quesada en conferencia de prensa.
Un mensaje de consuelo en medio del fracaso
El estratega no ocultó que la eliminación pesa y que el club acumula una sequía importante en el ámbito internacional.
“Estamos con una deuda increíble y tenemos una sequía enorme en cuanto a títulos y logros importantes en Centroamérica. No estamos contentos, estamos eliminados”, reconoció.
Pese a ello, volvió a insistir en el compromiso mostrado por sus dirigidos y en la necesidad de aprender de la experiencia:
“Como institución es necesario valorar lo que sigue. Tanto jugadores como cuerpo técnico debemos recomponer lo que está mal para, en los próximos años, presentar una cara diferente. Siempre nos enseñaron a ganar y ahora tenemos que preocuparnos por corregir lo que hemos hecho mal”.
Entre disculpas y esperanza
Quesada pidió disculpas a la afición y, aunque aceptó que el torneo internacional se fue demasiado pronto, trató de transmitir esperanza.
“Estamos tristes, lamentablemente no logramos lo que queríamos. Pedimos disculpas a la afición. No queda más que esperar mejores cosas en los partidos que vienen y pensar en el clásico ante Alajuelense el próximo sábado”, subrayó.
El técnico incluso destacó rendimientos individuales, como el del panameño Gustavo Herrera, a quien calificó como uno de sus mejores partidos con la camiseta morada, aunque sin la contundencia necesaria.
Un Saprissa con cuentas pendientes
La eliminación significa que el Saprissa no jugará la próxima edición de la Liga de Campeones de Concacaf, un golpe deportivo y financiero. Mientras tanto, Quesada eligió el camino del respaldo a sus jugadores, en un tono paternal que intenta suavizar un fracaso más en la escena internacional.