
San José, 16 jul(elmundo.cr)- Antes del partido de ayer donde la Selección de Francia se coronó como campeona del mundo por segunda vez, existía esa sensación de incertidumbre, de fracaso, incluso hasta miedo de que Francia volviera a dejar escapar una final con el cartel de favorito encima, como le pasó hace dos años en Saint-Denis, perdiendo el título de la Euro 2016 en su casa, con su afición.
En esa ocasión, el rival tenía muchas características similares a las que presentó el equipo croata ayer en el Estadio Luzhniki. Una Portugal con pocas chances, con su máxima figura como líder y mejor jugador en cada partido siendo determinante, pero con las ganas de trascender y de hacer cosas importantes.
Después de perder la final contra los lusos, se dio una revolución en el plantel, renovando a la selección con miras a un mundial de Rusia que por su rendimiento en las eliminatorias y por el fútbol desplegado los ponía como uno de los favoritos para volver a levantar el titulo como lo hicieron hace 20 años con su afición.
De ese torneo, solo seis jugadores repitieron en la final de ayer, por lo que quedó claro que la renovación del plantel y más que eso, la reestructuración de la forma de juego dio los frutos que tanto la federación como el país esperaban.
La inclusión de figuras como Kylian Mbappe, el futuro no solo del fútbol frances, sino del fútbol mundial, N´golo Kanté, destacado por su excelente trabajo de recuperación en el medio campo, Benjamin Pavard y Lucas Hernández, dueños de las bandas durante todo el mundial y muchos más, Francia encontró la frescura que quizá le hizo falta hace dos años ante Portugal.
Para los franceses viene lo más difícil, mantener ese nivel durante cuatro años que exigirá a los campeones mundiales en torneos importantes como la nueva Liga de Naciones de la UEFA, la Eurocopa del 2020, las eliminatorias y sobre todo el mundial del Catar 2022 donde buscarán refrendar el título, situación que no sucede desde 1962.