
San José, 20 de diciembre. (elmundo.cr).- Bryan Ruiz consumó su regreso donde todo comenzó. Las firmas de los contratos se dieron el capitán comenzó sus indagaciones con el director deportivo, Agustín Lleida.
Dentro de algunos temas conversados, estaba el hecho de tener claridad sobre la continuidad de algunos jugadores que Lleida tenía en agenda con alguna posibilidad de salida.
En el papel de esas posibles salidas estaba la del catracho Alex López, un jugador por el que siempre se reciben consultas de equipos interesados. Además, las plazas de extranjeros siempre se debaten en el mercado de piernas. Como ha dicho Agustín: “todo depende de la oferta y la demanda”.
La primera expresión del capitán fue: “ojalá no se concrete una salida con Alex, ojalá no se vaya para montar la fiesta”.
Ruiz no conocía personalmente a Alex, esa opinión brotaba por lo que había visto tras la pantalla su televisor en Brasil cuando observaba los juegos de su amada Liga.
Ese volante de buen pie, con una gran capacidad de juego con el que Bryan Ruiz tenía en mente como complemento en el medio del campo.
Lo que Ruiz imaginaba en Brasil se concretó en el día a día en el Centro de Alto Rendimiento (CAR).
Se concretó porque la admiración era mutua. Cuando entre los corrillos del CAR se rumoró la llegada del Capitán de La Sele, Alex López lo emocionaba la idea. El catracho fue el primer jugador en tener por confirmado que Ruiz llegaría a la casa manuda. Lleida tomó el teléfono para pedirle el favor de ceder su número 10, le explicó que lo necesitaba para Bryan Ruiz.
López solo atinó a decir: “¡Entonces es cierto, viene Bryan! Claro que la número 10 es de él. La mía será la 11”.
Ese fue el inicio de lo que todos conocemos, Bryan y Alex son buenos amigos fuera de cancha, su única competencia es ver quién es el mejor a la hora de jugar billar. Algunas mesas la gana el 10, otras las gana el 11. Ambos lo disfrutan, se divierten tanto ahí como en el campo.
Son los jugadores con mejor rendimiento en la medular, Carevic logró complementarlos en el campo, al punto que hay rivales que a lo interno de sus equipos explican que el panorama se torna complicado a la hora de enfrentarlos, porque si se busca anular a uno, aparece el otro que tiene poco que envidiarle en cuanto a talento.
Alex y Bryan marcaron el equilibrio liguista en la medular, ambos tomaron al equipo de la mano y lo llevaron a lo más alto.