Alajuelense tomó una decisión que en su momento dolió.
Pero hoy empieza a darle la razón.
En el 2018, el club rompió con una práctica profundamente arraigada en el fútbol costarricense: mantener a exjugadores dentro de la institución simplemente por su historia. El golpe no fue menor. Para un sector de la afición, aquello representaba traicionar la identidad del club, renunciar al “ADN manudo” construido por nombres del pasado.
Sin embargo, la dirigencia optó por otro camino. Uno menos romántico, pero más competitivo.
La consigna fue clara: el que no se adapta, se va. Y el que se queda, trabaja.
Ese cambio se sintió en lo interno. Hubo figuras que no aceptaron nuevas condiciones laborales, como asumir más responsabilidades o aumentar su carga de trabajo dentro del club. La lógica cambió: ya no bastaba con el nombre, ahora se exigía compromiso, preparación y presencia diaria.
Ahí empezó todo.
El CAR como punto de inflexión
El Centro de Alto Rendimiento (CAR) en Turrúcares se convirtió en el corazón del nuevo modelo.
Un espacio donde el fútbol dejó de ser solo cancha y pasó a ser también aula.
La jornada es completa. Hay balones, conos y silbatos… pero también libros, cuadernos y formación académica. La apuesta no es solo por ganar títulos en liga menor —que los hay— sino por formar profesionales integrales.
En ese ecosistema, Alajuelense abrió la puerta a una escuela española que encontró en el club algo más que un destino: un trampolín.
Y el tiempo empezó a demostrarlo.
De Alajuelense a la élite mundial
Hoy, varios nombres que pasaron por el CAR están instalados en estructuras de alto nivel en el fútbol internacional.
El caso más reciente es el de Enric Lluch, quien asumió como segundo entrenador del FC Barcelona femenino, uno de los proyectos más sólidos del mundo. A su lado también aparece Marc Soler, encargado de la estrategia y el balón parado, con pasado en Alajuelense y formación académica en ciencias del deporte. Recientemente, el equipo equipo blaugrana derrotó al Real Madrid en Champions y en Liga en menos de dos semanas le propinó 15-2 en total.
Pero no son los únicos.
Sergi Runge llegó a Costa Rica con 25 años y sin mayor vitrina internacional. En Alajuelense encontró el espacio para desarrollar su metodología, clasificar a finales y ganar títulos en categorías menores. Hoy forma parte del cuerpo técnico en el Bayer Leverkusen, en un entorno de Champions League, trabajando bajo un modelo táctico de élite.
También está Albert Ballestero, quien tras su paso por el club asumió roles en México y ahora integra el cuerpo técnico del Austin FC en la MLS, luego de haber sido analista y entrenador en distintas categorías rojinegras.
Y más recientemente, Marc Reixats dio el salto hacia Colombia como asistente técnico de Águilas Doradas, uno de los equipos protagonistas del torneo.
Un modelo que incomoda… pero funciona
El patrón se repite.
Alajuelense forma, desarrolla… y exporta.
Lo que antes era un club que miraba hacia adentro, hoy es una plataforma que impulsa carreras hacia afuera. Y eso genera un contraste inevitable con el pasado.
Porque sí, se perdió parte del romanticismo.
Pero se ganó competitividad.
El club dejó de ser un refugio de nombres y pasó a ser un laboratorio de ideas, métodos y formación. Uno donde el mérito pesa más que la historia y donde el crecimiento profesional es parte del proceso, incluso si eso implica que los talentos se marchen.
El precio del cambio
No todos lo entienden.
Ni todos lo aceptan.
Pero en Turrúcares, lejos del ruido, el modelo sigue produciendo resultados. No solo en títulos de liga menor, sino en algo más difícil de medir: la proyección de talento humano hacia el fútbol global.
Alajuelense cambió.
Y en ese cambio, dejó de aferrarse al pasado… para empezar a construir futuro.