Liga Deportiva Alajuelense cayó en Liberia y, con ello, algo más que un partido quedó atrás. Se cerró una etapa. La derrota por 2-1 ante Municipal Liberia dejó al equipo fuera de las semifinales del Clausura 2026 y abrió un ejercicio de autocrítica poco habitual en el entorno rojinegro.
No hubo matices en el vestuario. Tampoco excusas. La palabra “fracaso” apareció sin rodeos, repetida por distintos protagonistas, como una forma de asumir lo que los números ya habían dictado: 26 puntos, lejos de los 32 que marcaron la línea de clasificación.
Aarón Salazar, uno de los referentes defensivos, habló con crudeza. “Es un fracaso para nosotros, es difícil asimilar este momento. Me duele mucho quedar fuera; nunca había quedado fuera de unas semifinales”, dijo. No fue una frase aislada. Fue el tono general de un camerino que entendió que no estuvo a la altura.
El análisis del zaguero apuntó a un problema estructural. “Nos faltó regularidad y ser constantes en el torneo. No logramos ser sólidos en casa, dejamos ir muchos puntos. Nos faltó ambición, querer más que el rival”, explicó. La idea se repite en los datos: una campaña irregular, con picos de rendimiento, pero sin continuidad.
La autocrítica alcanzó su punto más alto en una frase que resume el sentir del grupo. “Absolutamente todos deben ir a evaluación, nadie se salva. Esto es así: si nos va bien, celebramos todos; si no, nadie se salva”, afirmó Salazar. Una sentencia que traslada la responsabilidad del resultado a todo el colectivo, sin excepciones.
Desde la portería, el diagnóstico no cambió. El guardameta rojinegro admitió que el equipo no hizo los méritos suficientes para estar entre los cuatro mejores. “Estamos con mucha tristeza, porque esta institución no puede estar afuera de la fiesta de los cuatro. Fallamos, no estuvimos a la altura y los que clasificaron hicieron mejor las cosas”, señaló.
El mensaje, sin embargo, no se limitó a la decepción. Apuntó hacia lo que viene. “Cada uno tiene que hacer un análisis individual y también grupal. El club sabrá lo que tiene que hacer, tomar decisiones y afrontar lo que se viene”, añadió, en una declaración que anticipa movimientos en la estructura deportiva.
No hubo un solo error señalado. Más bien, una suma de fallos. “Pecamos en muchas cosas”, resumió. La frase, breve, deja entrever que el problema no se reduce a un partido ni a una jugada, sino a un proceso que no encontró estabilidad.
En ese contexto, también surgió la incertidumbre. Aunque el arquero dejó claro su deseo de continuar —tiene contrato hasta 2028—, no cerró la puerta a otros escenarios. “Estoy muy contento en la institución, pero uno nunca sabe lo que puede pasar”, dijo, reflejando una realidad habitual tras un semestre fallido.
Alajuelense, acostumbrado a competir por todo, se queda fuera antes de tiempo. Y lo hace con un discurso inusual: sin atajos, sin explicaciones externas. La caída no se atribuye al arbitraje, al calendario ni a factores ajenos.
La conclusión, al menos por ahora, es interna.
Y contundente.
Nadie se salva.