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Rosa Montero: «La ciencia ficción es lo más realista que he escrito»

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Por Elena Box (dpa)

Madrid, 19 feb (dpa) – Cuatro años después de ese viaje al futuro que inició con “Lágrimas en la lluvia”, la escritora y periodista española Rosa Montero vuelve a meterse en la piel de la androide Bruna Husky con una novela en la que la ciencia-ficción se diluye a ritmo de thriller en una intriga de dimensiones planetarias.

“El peso del corazón” (Seix Barral), que acaba de llegar a las librerías, marca el regreso de un mundo propio que Montero se regaló “jugando a ser dios”. La trama se sitúa de nuevo en el Madrid del siglo XXII, una ciudad poblada por humanos y replicantes que han llegado a acuerdos con los extraterrestres y en la que vivir en una zona descontaminada es un lujo que no todos pueden permitirse.

“Yo ya sabía que iba a volver”, cuenta hoy esta madrileña de 64 años en los céntricos jardines del Retiro de la capital, que en su novela son un “parque pulmón” regenerado por árboles artificiales. No es que tenga en mente una trilogía ni nada parecido, confiesa, pero es un mundo al que llegó para quedarse. “Mi próxima novela no tiene nada que ver, pero si no me muero antes habrá otra Bruna Husky”. Además, añade, no será ella quien mate a la androide: “Morirá fuera de cámara, como todos”.

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Y es que esta replicante tan especial, dotada con una memoria que la acerca demasiado a los humanos y obsesionada por la consciencia de su propia muerte -los androides sólo viven diez años-, tiene mucho de la autora de “Historia del Rey Transparente”. “La siento tan cerca que le he dado hasta mi nombre”, dice recordando que Bruna Husky nació hace muchos años como su alter ego en el mundo virtual de “Second Life”, pero además es su perfil de Twitter y su dirección de mail.

Dice esta escritora menuda, sonriente y de alegres ojos marrones que para ella la novela “es un sueño que se sueña con los ojos abiertos”. Y los suyos son “muy plásticos, llenos de colores y tremendamente agitados”, por eso sus novelas resultan tan visuales, tan aparentemente cinematográficas. Sin embargo, aunque ya se llevó al cine “La hija del caníbal”, no se plantea una Bruna de carne y hueso.

“Si viene, será bienvenido”, señala. Pero es muy difícil, entre otras cosas porque hacer una película de ciencia ficción es “carísimo”, un dolor de cabeza para cualquier productor, añade sabiendo bien de lo que habla, pues en el pasado trabajó durante un tiempo para la revista “Fotogramas”. Eso sí, tiene claro que “jamás” haría un guión de sus novelas. Y puestos a elegir, lo que de verdad le gustaría es ser traducida a una lengua nueva.

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Cuatro años después de su primera incursión en el género, Montero continúa lamentando los “prejuicios” que suscita sobre todo en España, un país que considera “impermeable a la ciencia”. “Sin haber leído nada, la gente tiene la idea de que son como historias fuera de la realidad, y nada más erróneo: la ciencia ficción proporciona una excusa para hablar de la realidad, de la política en un sentido amplio y profundo”, explica.

De hecho, afirma que tanto “Lágrimas en la lluvia” como el peso del corazón son “lo más realista” que ha escrito. “La gente me mira como si estuviera haciendo un divertimento menor, y lo que sé al cien por cien es que lo he hecho con la misma ambición, con la misma pasión y con el mismo cuidado literario que pongo en todas mis novelas”, añade. “Y tampoco creo que sea un libro de género puro, pues tiene mucho de existencial y filosófico”.

En esta segunda entrega de la androide Bruna Husky, la autora regresa también a sus temas de siempre. Ahí está la omnipresencia de la muerte -los “tres años, diez meses, x días” que la androide repite como una letanía macabra-, la fragilidad de la memoria o esa búsqueda de la identidad como construcción imaginaria. Y esta vez, además, el amor cobra un protagonismo especial, plasmado en la necesidad de cariño que sufre la protagonista tecnohumana.

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Pero “El peso del corazón” es también una novela de marcado carácter político, en la que sus personajes transmiten como cantos de sirena las inquietudes de la escritora. “Estoy preocupada por el mundo a medio plazo: veo a mi alrededor una añoranza por las dictaduras y el totalitarismo, desde el registro fanático y religioso al laico”, señala. “Estamos en una lucha entre retrogradismo y el progreso”, con una crisis de credibilidad en el sistema democrático “tremenda”.

Y lo mismo sucede con la destrucción del medio ambiente, otro de los ejes centrales de la novela. “Creo que estamos fuera de plazo, que posiblemente no hay ya tiempo para solucionar este suicidio de la especie”, lamenta. “Pero como no podemos adivinar los hallazgos científicos y tecnológicos que vendrán, quién sabe”. ¿Ha ganado la crisis la batalla a la ecología? Puede, responde, aunque es algo temporal. “Un proyecto respetuoso con medio ambiente es económicamente más rentable, y eso se va a ver”.

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