
San José, 21 may (elmundo.cr) – Las vidas de Eulalio Guadamuz Guadamuz, de 89 años, y de Isidoro Guadamuz de la O, de 80, hablan del Guanacaste de la primera mitad del siglo XX; el de las grandes haciendas, de “montaderas” en el corral y de sabaneros con igual destreza para lazar al ganado, que para interpretar una “parrandera” con un instrumento tradicional.
También sus vidas nos hablan de las “parrandas” o fiestas en los pueblos de la región, amenizadas por uno o más quijongos, carraca, juque y claves; todos instrumentos tradicionales que se pueden construir con materiales naturales de la provincia.
“Don Lalo” y “don Isidoro” como se les conoce en la pampa, son de aquellos músicos autodidactas que aprendieron observando y escuchando desde sus primeros años de vida. Bebieron de la tradición ritmos y letras, y a punta de prueba, error y mucho tesón, lograron dominar, e incluso construir, sus propios instrumentos.
Eulalio, de Bagaces e Isidoro, de Santa Cruz, no solo comparten el apellido Guadamuz sin ser familia, también poseen un tesoro en sus memorias, que funcionan como una extensa fonoteca especializada en folclore. Como si esto fuera poco, tienen en común sus conocimientos y amor por el quijongo guanacasteco, así como una natural preocupación de que este arte se vaya con ellos, al ser dos de los últimos quijongüeros de la provincia, según afirmó la antropóloga y gestora cultural, Adriana Méndez.
Es por esto que ambos músicos comparten el Premio Nacional de Cultura Popular Tradicional 2014, que les otorgó el Ministerio de Cultura y Juventud (MCJ) por considerarlos “maestros en la construcción, interpretación y promoción del quijongo guanacasteco”. El MCJ depositará el reconocimiento en sus manos el próximo 27 de mayo, en una ceremonia especial que se efectuará en el Teatro Nacional.
Entre las consideraciones que el jurado tomó en cuenta están el importante papel del quijongo en el surgimiento de la música tradicional guanacasteca, el desuso actual del instrumento que amenaza su existencia y que ambos músicos han dedicado sus vidas a transmitir sus conocimientos sobre la construcción e interpretación, así como que han realizado una extensa labor de promoción.
Además, el jurado reconoció su contribución al desarrollo de la música tradicional y que ambos “resguardan parte de este patrimonio en los ritmos y canciones que interpretan y transmiten a las nuevas generaciones”, entre otras razones que dan mérito a la designación.
“Cada uno construye su quijongo según como le guste, según como lo afine, es un instrumento que se personaliza mucho. En el caso se don Isidoro se cuida de que esté bien entonado y que el pañuelito que se amarra en medio de la jícara y la vara, sea de una tela que conduzca bien el sonido. Don Lalo prefiere usar una jícara pequeña y no utiliza la caja de resonancia. A él le preocupa que la jícara entone bien”, comentó Méndez, quien sostiene que, tanto Eulalio como Isidoro, poseen su propio estilo musical y representan a la zona de donde provienen.
La antropóloga ha investigado tanto al instrumento como a sus intérpretes y fue quien hizo la postulación de los quijongüeros al Premio de Cultura Popular Tradicional 2014.
El quijongo guanacasteco; un instrumento en peligro de extinción. Según explicó Adriana Méndez, el de Guanacaste es diferente del caribeño no solo por la forma en que se construye, sino también por la forma de ejecutarlo y el tipo de música que produce. “Mientras que el guanacasteco es percusión, el limonense es cuerda”, apuntó la antropóloga.
Actualmente, en pleno inicio del siglo XXI el quijongo guanacasteco lucha por sobrevivir. Su sonido, que comparan al silbido del viento, está a punto de perderse a pesar de los esfuerzos que han hecho estos dos hombres mediante talleres y clases a estudiantes de escuelas y colegios, profesores y músicos de la zona.
Para Méndez esto se debe, en primer lugar, a que los pocos ejecutantes son de edad avanzada, “ellos vivieron una época donde el quijongo tuvo su apogeo, pero es una época que ya pasó”, indicó. Además señaló que este instrumento quedó relegado, “no hay la difusión necesaria, ni un espacio formal o informal donde darlo a conocer”, opinó.
Según dijo; don Isidoro dio clases en la Etapa Básica de Música y en el caso de don Lalo, algunas personas lo buscan para aprender, pero no concluyen el proceso. “El instrumento hay que empezar por construirlo, afinarlo y luego por sacar una pieza. Ojalá hubiera gente con esa paciencia y dedicación, por lo menos yo no la he conocido”, expresó la antropóloga.
“En Santa Cruz, cuando trabajé en la Escuela de Música, enseñé a algunos. Tengo como unos 5 o 6 que tocaban bastante, tal vez no lo tocarán porque hace tiempo no lo practican. Lo que pasa es que no quieren, y por eso digo que va a desaparecer, ellos están metidos en la música moderna. El quijongo va a desaparecer a como se tocaba antes; con marimba, guitarra, juque y carraca; esos eran los instrumentos del Guanacaste”, expresó con pesar Isidoro.
Por su parte don Lalo comentó: “Yo he tratado en el colegio, pero para aprender esto no es de un ratito, ni de un ensayo, y en la universidad también estuve enseñando a profesores; de 16 aprendieron 5”.
Después del anuncio del galardón, Isidoro asegura que han llegado profesores para que él les explique por ratos y que además tiene tres nietos que saben tocar y construirlo, “porque yo los enseñé”, dice con orgullo.
Solo queda ver si este legado, la semilla plantada con tanta dedicación por don Isidoro y don Lalo, germinará, si el quijongo podrá continuar silbando en la pampa guanacasteca.
| ¿Cómo construir un quijongo guanacasteco?Este instrumento se compone de una vara de árbol de guácimo ternerero, una jícara, un alambre de llanta de automóvil y un “palito” para tocar el alambre, algunos incluyen una caja de resonancia. “Me gusta el silbido del quijongo, el sonido de la jícara, no la bulla de la cuerda. La cuerda tiene que vibrar para que llegue al jícaro y pueda sonar”, explicó Isidoro. Según la información que aportó Méndez para la postulación al premio, don Isidoro le comentó que “él recuerda que la vara era construida de jícara y achiote y el alambre actual era hecho con bejuco “de ventanilla”, la caja de resonancia era un jícaro grande. Actualmente, y después de mucha experimentación con diversos materiales y tipos de alambres, se decidió por utilizar el que extrae de la llanta del “pick up”. En cuanto la vara, es de árbol de guácimo, “porque es la única vara que se forma y mantiene el alambre en un buen temple, que no se estira ni encoje”, aseguró el quijongüero. Para elegir el jícaro adecuado, él recomienda buscar unos cinco frutos para ver cuál sirve, “se le quita todo lo de adentro para que quede bien seco y los pone cerca del fuego”. Esto porque, si a la jícara le queda humedad, el sonido “no sale bien”. Luego está la caja de resonancia, que actualmente Isidoro construye con “playwood” del más delgado. Las dimensiones originales de los quijongos que construye Isidoro, “son de dos metros o dos metros cinco y no deben ser más pequeños”, enfatizó el músico. |