«La isla del viento» aborda el destierro de Unamuno en Canarias

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REPORTAJE

Por Astrid Riehn (dpa) 

Mar del Plata, 4 nov (dpa) – “La isla del viento”, la ópera prima del español Manuel Menchón en la que José Luis Gómez se pone en la piel del escritor y filósofo Miguel de Unamuno (1864-1936) durante sus días de destierro en la isla de Fuerteventura tuvo hoy su estreno mundial en la competencia internacional del Festival de Cine de Mar del Plata.

“Esta es una película en la que hablamos del pasado para hablar del presente”, señaló hoy Menchón, acompañado por Gómez, tras la proyección para la prensa y antes de la función principal de esta noche. “En el caso de una figura como la de Unamuno, era importante abrir una abanico. Nunca antes había sido representado en el cine ni en la televisión y yo le tenía ganas”.

“Tiene una parte poética, una de realismo social y un argumentario político muy poderoso que tiene multiplicidad de lecturas hoy en día en España y el mundo”, afirmó el director sobre el intelectual español, quien además fuera rector de la Universidad de Salamanca.

La cinta española, coproducida por el director argentino Rodolfo Pochat (“Mika, mi guerra de España”), se centra en los meses que el autor de “Niebla” pasó en la isla canaria de Fuerteventura, a donde había sido enviado en febrero de 1924 por el dictador español Primo de Rivera por sus constantes críticas a la monarquía.

“Como hombre de teatro y cine tengo una relación intensa y nutricia con la gran palabra de los poetas. Pero es raro encontrar una referencia tan clara de ejemplaridad en lo personal y en lo creativo, sumado a un gran coraje civil”, señaló por su parte Gómez (“La piel que habito”), quien además de actor, autor y director teatral forma parte de la Real Academia Española. “Quizá sólo Cervantes haya sido un hombre con el mismo coraje civil de Unamuno”.

Menchón muestra a un Unamuno visiblemente contrariado por ese destierro impuesto a la lejana isla, a donde había sido enviado junto al diputado español Rodrigo Soriano (Fabián Álvarez) y donde traba amistad con Ramón Castañeyra (Enekoiz Noda), comerciante e intelectual de la isla que albergó en su casa al filósofo. Allí también conoce al periodista francés Monsieur Dumay (Didier Roussel), director de “Le Quotidien”, en París, que le ofreció un espacio para rebatir las críticas que le hacía la dictadura.

Sin embargo, poco a poco, Unamuno irá encariñándose con la isla y sus habitantes, a la que incluso llega a visitarlo de sorpresa la poetisa y sufragista argentina Delfina Molina (Ana Celentano), con la que Unamuno mantuvo una larga amistad epistolar, pero a cuyos requerimientos amorosos nunca cedió.

En el film aparece otro personaje, una niña muy humilde llamada Cala, que a diferencia de los demás personajes, basados en personas reales, se trata de una licencia que se tomó Menchón, quien también escribió el guión de la película. Unamuno interactúa durante toda la película con esta niña, algo que según algunos críticos hace aparecer algo “dulcificado” a un hombre como Unamuno.

“En el primer guión, Unamuno era algo así como ‘Dr. House’ en Fuerteventura, porque ese era el tópico que había sobre él”, explicó hoy Menchón. Sin embargo, según contó, en sus viajes de investigación a Fuerteventura tuvo la oportunidad de hablar con una señora de más de 90 años que había conocido al escritor de niña y que le contó que a Unamuno le gustaban mucho los niños. “Era una persona mucho más humana de lo que transmite su obra”, añadió el director sobre el autor de “Amor y pedagogía”.

El film también aborda uno de los episodios clave en la vida de Unamuno, su célebre discurso de 1936 en el paraninfo universitario de la Universidad de Salamanca (“Venceréis, pero no convenceréis”) criticando el fascismo español delante de un público falangista entre el que se encontraba el general José Millán-Astray, creador de la fuerza militar conocida como la Legión.

Unamuno fue sacado del lugar entre los gritos encendidos de los falangistas. Su discurso le costó el cargo como rector de la universidad. Murió poco después, bajo arresto domiciliario.

“Él había apoyado el golpe de (el dictador Francisco) Franco siendo republicano y socialista porque pensó que España se desbandaba. Por eso, el discurso en el paraninfo no fue sólo un acto de coraje civil, sino sobre todo de expiación”, explicó hoy Gómez. “Unamuno fue el único intelectual que se paró delante del dragón cuando éste estaba echando fuego. Muchos otros lo hicieron, pero ya delante del pelotón de fusilamiento”.

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