ANIVERSARIO
Por Sara Lemel (dpa)
Tel Aviv, 2 nov (dpa) – Fueron tres los disparos letales que el agresor lanzó por la espalda contra Itzhak Rabin. Tres tiros que cambiaron para siempre el destino de Israel y también el de los palestinos.
El asesinato del primer ministro israelí es el tema central de la película “Rabin: The Last Days”, del director israelí Amos Gitai. El extremista judío Yigal Amir mató a disparos al jefe de gobierno el 4 de noviembre de 1995, inmediatamente después de un acto multitudinario en Tel Aviv.
Veinte años después, el asesinato es “una herida abierta en la sociedad israelí”, afirma Gitai a dpa. “Aún seguimos sintiendo las consecuencias”.
Y es que el acuerdo de paz con los palestinos al que aspiraba Rabin no se pudo concretar. En vez de eso, la región sigue sacudida una y otra vez por nuevas olas de violencia.
El asesino logró su meta y hasta hoy cumple cadena perpetua. En prisión se casó y tuvo un hijo.
Una pregunta que se plantea una y otra vez en los días previos al vigésimo aniversario es qué hubiera pasado si Rabin hubiera sobrevivido. ¿Y si no lo hubieran asesinado? ¿Habría paz?
El compañero de ruta de Rabin en ese momento y posterior primer ministro Shimon Peres cree que “hoy tendríamos un país más estable”.
Gitai cuenta en su película con los testimonios de Peres y de la viuda de Rabin, Lea Rabin, fallecida cinco años después del asesinato. Además, muestra el incansable trabajo de la comisión de investigación del atentado.
Con una mezcla de ficción y de fragmentos documentales, Gitai, uno de los directores israelíes más conocidos, muestra el clima que se vivía entonces en Israel.
La derecha nacionalista de Israel, sobre todo la de los asentamientos, agitaba los ánimos contra Rabin, al que consideraba “traidor” y “asesino”. Mientras rabinos extremistas maldecían al primer ministro con el ritual mágico “pulsa denura” (en areameo “látigos de fuego”), una ceremonia en la que se invoca a los ángeles de destrucción para acbar con los enemigos.
Y el entonces líder de la oposición y actual jefe de gobierno Benjamin Netanyahu, del partido de derecha Likud, hablaba en actos en los que los opositores a la política de reconciliación de Rabin llevaban un ataúd con su nombre y carteles en los que se veía a Rabin con uniforme de las SS. También coreaban consignas en las que deseaban su muerte.
Desde entonces, se suele acusar a Netanyahu de que su comportamiento contribuyó a crear el clima que llevó al asesinato de Rabin y, finalmente, a que él lograra el puesto de primer ministro.
Netanyahu afirma hasta hoy que nunca oyó esas expresiones de odio en las manifestaciones. “Quizá necesita un otorrino o padece de una percepción selectiva”, comenta Gitai, quien combatió en 1973 en la guerra de Yom Kippur.
“Los políticos que hoy lideran este país no intentan encontrar un denominador común para el pueblo”, sostiene el cineasta. “En vez de eso, incitan a un grupo contra otro, a judíos contra árabes, a religiosos contra no religiosos. Esa incitación puede finalmente llevar a la destrucción del proyecto israelí, me temo”. Israel se vuelve cada vez más religiosa “y eso es peligroso”.
Rabin no era un “izquierdista deslumbrado”, que se hacía ilusiones, subraya Gitai. “Era un patriota israelí, que entendió que Israel debe encontrar caminos para sobrevivir en Cercano Oriente. Estaba decidido y era valiente, era un verdadero estadista, es decir, no era un político típico”. De esa manera, se diferencia mucho “de los personajes que hoy gobiernan el país”, afirma.
Según Gitai, también tienen culpa en la muerte de Rabin las organizaciones palestinas radicales que, con sus sangrientos atentados suicidas en los momentos más importantes del proceso de paz, le quitaron mucha legitimidad a su política.
Hoy en día siguen marcando el tono los que impidieron la paz. “Una coalición estable de aquellos que no quieren la paz es la que sigue gobernando en Cercano Oriente. Eso es una tragedia”.
La película de Gitai, de 153 minutos y realizada en coproducción con Francia, también está pensada como llamamiento a despertar a la izquierda israelí, que cayó “en un sueño profundo”. No existe ninguna figura a tomar en serio que pueda suponer una alternativa a Netanyahu y su política, se lamenta Gitai. “Esa figura fue asesinada hace veinte años”.
El líder de la oposición Itzhak Herzog es simplemente “un abogado amable que pertenece a la clase más alta”. El difícil cargo de primer ministro de Israel requiere más, considera.
Con su película, presentada en los Festivales de Venecia y Toronto, Gitai también quiere mostrar el trágico fracaso de la policía y el servicio secreto en la protección de Rabin y alentar el debate sobre las causas de la actual miseria.
Israel se encuentra en un estado de paralización política, asegura. “No estoy furioso, más bien estoy triste”, dice al respecto. “Amo a este país”.
