
Por Thorben Rath (dpa)
Un enorme sombrero tropical en la cabeza, una azada sujeta de forma desenfadada a la cintura y una mochila para expediciones cargada sobre la espalda: así se presenta “wildman” Steve Brill. Parece mentira que no esté junto al Amazonas, sino en el centro de Nueva York.
Para él es algo normal: con este atuendo busca desde hace 33 años alimentos en el Central Park. También hoy va a guiar a un grupo de turistas durante cuatro horas por el parque más visitado de Estados Unidos, que es casi dos veces más grande que Mónaco.
Unos 35 participantes, entre ellos varios extranjeros, se han reunido para recoger y comer conjuntamente plantas y hierbas. El “wildman” sale a caminar al frente del grupo y después de pocos metros ya encuentra un clásico: el diente de león. Con buen humor explica dónde se puede encontrar esta planta y cuál es la mejor manera de comerla. “Se la puede freír o cocer, pero cruda sabe mejor”, opina Steve. Para demostrarlo se mete un puñado de hojas en la boca. Mastica con placer, lo que anima a los turistas a imitarlo. Después de las primeras mordidas, los participantes en la excursión cogen las bolsas de plástico que llevan consigo: es hora de recolectar diente de león para la propia cocina. Esta rutina se repite durante todo el día: primero unas miradas desconfiadas, luego una prueba titubeante y después recolectar de manera desenvuelta la nueva hierba favorita.
En la siguiente parada, Steve cede su papel de guía a su hija Violet, de nueve años. Desde los dos años de edad, ella acompaña a su padre en las excursiones. Los presentes están asombrados por sus extensas explicaciones. Steve, el padre, sólo se encarga de las bromas: “Comer crudo el cenizo puede ser peligroso para el corazón. Sólo hay dos personas en este mundo que lo pueden comer sin problemas: George W. Bush y Dick Cheney. Ellos no tienen corazón”. Las risas de los participantes sugieren que probablemente no están representados todos los sectores de la sociedad estadounidense: obviamente faltan los republicanos. ¿Por qué personas adultas se pasan el domingo comiendo hierba? “Yo llevo viviendo toda mi vida en Nueva York”, dice Dina Erhardt, de 54 años, mientras que reanudamos la marcha. “Sin embargo, hace poco encontré una planta en el borde de la carretera y pensé: esta seguramente sabe bien en mi ensalada, pero ¿puedo comerla? Por eso estoy hoy aquí para saberlo”.
Una cocinera de Francia no sólo recolecta hierbas sino también ideas para su propio restaurante. Y esas ideas no faltan: cada vez que encuentra una planta nueva, Steve, de 66 años, explica con todo detalle cómo prepararla y siempre tiene a mano algunos ejemplos sabrosos. Desde hojas de trébol fritas hasta raíces de lampazo marinadas: los platos veganos gustan tanto a mayores como a jóvenes. Sin embargo, no siempre fue así, como explica Steve al detenerse delante de un champiñón chino: “En 1986 me sorprendieron in fraganti. Acababa de meterme un diente de león en el Central Park cuando me rodearon investigadores secretos”. El recolector de hierbas fue acusado de haber causado daños materiales. Sin embargo, durante la audiencia judicial repartió ante el tribunal platos que él había hecho en casa con hierbas del Central Park. “En vez de que los jueces me condenaran, organicé durante cuatro años excursiones para ellos”, dice Steve con una sonrisa maliciosa.
Hasta el día de hoy, Steve tiene permiso de la Justicia para vagar por los parques de Nueva York sin que nadie lo moleste. Y se ha convertido en un pequeño famoso: tanto la emisora Voice of America como peiódicos como “The Daily News” o “The New York Times” han publicado reportajes sobre sus excursiones guiadas.
La excursión de hoy va llegando a su fin y está bien así: los recipientes y las bolsas están completamente llenos y los participantes tienen las miradas cansadas. Excavar, recolectar y caminar durante cuatro horas es una actividad que deja huellas. Pero las quemaduras del sol y las picaduras de mosquitos son un precio bajo a pagar por los nuevos conocimientos adquiridos.
Cuando el grupo agotado llega otra vez al punto de partida, se ven muchas caras sonriendo felices. Ahora que cada pequeña planta es un potencial plato estelar, los urbanitas se han convertido en expertos en supervivencia.