Heredia, 2 may (elmundo.cr) – El Instituto Internacional de Conservación y Manejo de Vida Silvestre de la Universidad Nacional (Icomvis-UNA) está trabajando en un protocolo para el conteo y monitoreo de cocodrilos utilizando drones. Este proyecto busca obtener datos precisos sobre la población de cocodrilos en el país, una información crucial para la toma de decisiones en su manejo y conservación.
Actualmente, no existen estudios recientes que determinen la cantidad exacta de cocodrilos en Costa Rica. Si bien los especialistas señalan una recuperación de las poblaciones, la falta de datos precisos impide determinar si existe o no sobrepoblación.
El monitoreo manual de cocodrilos, que implica recorridos nocturnos por los ríos y el uso de linternas para identificar a los animales, conlleva riesgos y altos costos. El nuevo protocolo con drones busca superar estas limitaciones.
“Ahora lo que hacemos es establecer algunas zonas en el río donde podamos hacer los despegues y aterrizajes del dron, captamos información durante el día y luego descargamos las imágenes para procesarlas, esto nos permite contar los cocodrilos, ver su distribución en el río, y estimar su población y estructura por medio de las tallas”, explicó Laura Porras, investigadora del Icomvis-UNA. “Lo anterior es muy importante porque nos permitiría contar con datos científicos que respalden las decisiones de manejo”.
El proyecto, pionero en Costa Rica y aún incipiente a nivel mundial, se enfoca en la estandarización de los datos de vuelo, considerando factores como la luminosidad, la altura y las condiciones climáticas.
“Tenemos que estandarizar los datos de vuelo, tomar en cuenta la hora por la luminosidad del sol en los cuerpos de agua, una altura que no altere la vida de los animales, y otros factores como la lluvia o el viento. Todos estos parámetros son los que van a quedar descritos en este protocolo para que las autoridades correspondientes puedan utilizar para hacer este monitoreo en distintas zonas del país”, detalló Porras.
Los cocodrilos desempeñan un papel fundamental en los ecosistemas, y su conservación es vital. La pérdida de hábitat, la contaminación y la cacería han afectado a estas especies, que fueron declaradas en peligro de extinción en Costa Rica en 1992.