Un trabajo de altura: Auxiliares de vuelo

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Tripulantes de Aerolíneas Argentinas en el aeropuerto de Buenos Aires. Crédito: Handout Aerolíneas Argentinas / dpa

Por Juan Garff (dpa)

Buenos Aires (dpa) – Natalia Buser trabaja a miles de metros de altura. Es azafata en aviones. O como se dice en un lenguaje más técnico, auxiliar de vuelo o tripulante de cabina. Como tal, es responsable de la seguridad y comodidad de los muchos pasajeros que viajan en un avión.

«Somos la cara visible de la compañía aérea para todas las inquietudes o problemas de los pasajeros», dice Natalia, que hace dos años forma parte de las tripulaciones de los Boeing 737 de Aerolíneas Argentinas, la línea aérea de bandera de Argentina.

A Natalia le ha ocurrido tener que calmar a pasajeros que tienen miedo a volar. Pero también recibe el agradecimiento de los viajeros al bajar del avión después del vuelo.

Natalia ocupa buena parte de su tiempo a bordo en servir bebidas y comida a los pasajeros, ayudarles con su equipaje y contestar a sus preguntas. «Pero lo más importante de nuestro trabajo es velar por la seguridad del vuelo», destaca.

Antes de cada vuelo se revisa todo lo referido a la seguridad. Ella y sus compañeros de cabina explican a los pasajeros el uso del cinturón de seguridad y la forma de utilizar las máscaras de oxígeno en una siuación de emergencia.

«Cuando vuelan mellizos menores de dos años tienen que volar con un adulto cada uno, para poder atenderlos», explica Natalia. «Para todas las filas de tres asientos hay cuatro máscaras de oxígeno disponibles, por si hay un niño pequeño que va en el mismo asiento de su madre o padre». Pero si son dos, tienen que estar en filas distintas, cada uno con un adulto, para que todos puedan tener su máscara de oxígeno en un caso de emergencia.

Una situación de seguridad mucho más frecuente que la eventualidad del uso de la máscara de oxígeno es la de los pasajeros que se desabrochan y levantan del asiento antes de tiempo al aterrizar. «Siempre tenemos que recordarles que permanezcan sentados hasta que se apague el cartel luminoso que indica la obligación de tener el cinturón de seguridad abrochado», dice Natalia.

Un aparato de una masa tan enorme como un avión puede lanzar a una persona al piso si tiene que frenar bruscamente en la pista, incluso cuando se desplace lentamente. Es el efecto de inercia, que depende tanto de la velocidad como de la masa del cuerpo en movimiento.

¿Qué es lo más difícil del trabajo de las azafatas? Para Natalia Buser es acostumbrarse a tener horarios diferentes a todos los demás. «Trabajamos sólo 19 días al mes, pero nos puede tocar en fin de semana, en feriados o en el cumpleaños», dice. Si tiene un resfrío, no vuela, porque tiene que estar en perfectas condiciones físicas. Y con los catarros pueden doler mucho los oídos si se está constantemente en vuelo.

¿Y qué lo mejor? Conocer otros lugares del mundo. Natalia vuela a muchas ciudades argentinas, así como a Brasil, Paraguay, Bolivia, Uruguay y Chile. No va siempre en el mismo avión, a la misma ciudad, con los mismos compañeros de vuelo. «Cada vuelo es diferente», dice. Y eso le gusta.

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