San José, 16 dic (elmundo.cr) – El secretario general de Liberación Nacional, Miguel Guillén, criticó al líder del Partido Acción Ciudadana (PAC), Ottón Solís.
En un artículo publicado en el medio La Nación, Solís calificó al presidente de la República, Rodrigo Chaves, como vocero del enojo.
Según Solís “dado que esa mayoría no tiene un micrófono o una cámara de TV para expresar su rencor contra los supuestos (o reales) culpables, se desahoga con el agresivo vocabulario de los Trump y los Chaves dirigidos a las élites de las instituciones, la prensa, los negocios y del resto de la política (el establishment)”.
Ante esto, el secretario general del PLN aseguró que “si queremos superar la crisis nacional actual, debemos empezar por trascender aquello que Ottón promovió y dejó como herencia. Chaves, guste o no, es en gran medida un producto de las fisuras que Ottón abrió en el sistema político; le allanó el camino con sus ataques sistemáticos y su retórica divisiva”.
“Ottón Solís no es parte de la solución, porque nunca lo fue. Hoy critica a Chaves por ser un “vocero del enojo”, pero él mismo fue el precursor de esa misma estrategia, y con mayor intensidad y durante más años”, agregó.
Para Guillén el legado de Solís “no es de construcción, sino de demolición: una crítica irresponsable que debilitó el sistema de partidos, satanizó la actividad política y convirtió a todo aquel que disentía de él en villano o corrupto. Si recuperar la política es el objetivo, superar a Ottón es el primer paso: rescatarla como un espacio de diálogo, equilibrio y justicia, alejado de la desilusión que él supo explotar para su beneficio personal”.
“El radicalismo de Ottón sembró las semillas de polarizaciones innecesarias y una fragmentación que, desde inicios del siglo XXI, ha erosionado la cohesión nacional. Su mensaje, lejos de iluminar, incendió; y esos incendios han alimentado la incertidumbre que hoy enfrentamos, un momento crítico sin parangón en nuestra historia reciente”, recalcó.
El liberacionista recalcó que “por mucho que Ottón quiera presentarse como un profeta advertido, es más como el médico que, tras recetar veneno, ahora se queja de los efectos secundarios”.
“Superarlo significa abandonar la política del resentimiento, evitar que la desilusión devenga en resignación y, peor aún, en anarquía o violencia. Como decía Isaiah Berlin, “la libertad negativa sin un propósito claro lleva al caos”; nuestra misión ahora es recuperar el propósito colectivo, lejos de las sombras de su discurso destructivo”, concluyó.