San José, 23 may (elmundo.cr) – Gabriel Aguilar Vargas asumió el Ministerio de Justicia y Paz como el ministro más joven del gabinete de la presidenta Laura Fernández. A sus 34 años, y se perfila como el ministro de Justicia más joven de América Latina. Desde la toma de posesión, ha sido quizás uno de los jerarcas con mayor visibilidad pública.
Abogado de profesión y con experiencia en el servicio público, Aguilar llega a una de las carteras más sensibles del Gobierno: la encargada del sistema penitenciario, la Policía Penitenciaria y la agenda institucional vinculada con justicia y paz social.
Su perfil político se consolidó durante la administración de Rodrigo Chaves, donde fue parte del círculo más cercano de Casa Presidencial. En ese periodo fue considerado por distintos sectores como uno de los hombres de confianza del expresidente, una posición que lo ubicó cerca de decisiones relevantes del Poder Ejecutivo.
Aguilar pertenece a una escuela política muy marcada por el estilo Chaves: comunicación directa, tono frontal, sentido de autoridad y poca inclinación al lenguaje burocrático. Esa forma de ejercer y comunicar el poder ha sido parte de su sello público y explica, en buena medida, la rápida visibilidad que ha tenido al inicio de la administración Fernández.
Ahora, desde Justicia y Paz, Aguilar busca proyectarse como una de las caras del nuevo enfoque penitenciario del gobierno: más orden, más control y una línea de mayor firmeza frente al crimen organizado dentro de las cárceles.
Uno de sus principales retos será concluir y poner en operación el Centro de Alta Contención del Crimen Organizado, conocido como CACCO, la nueva cárcel de máxima seguridad planteada para albergar a privados de libertad de alta peligrosidad. Ese proyecto será una prueba clave para medir la capacidad de ejecución del nuevo ministro.
El apellido Aguilar también ha estado presente en polémicas ya conocidas por otra vía. Su hermano, Esteban Aguilar Vargas, exfiscal de Cibercrimen y actual subdirector nacional de Ciberseguridad del Micitt, protagonizó meses atrás un conflicto directo con el fiscal general Carlo Díaz. Esteban denunció supuestas represalias y acoso laboral, que vinculó con el hecho de ser hermano de Gabriel Aguilar y con la cercanía de este último al expresidente Rodrigo Chaves; la Fiscalía General negó esos señalamientos.
Ese episodio colocó a ambos hermanos en el ojo público, aunque desde espacios distintos: uno desde el Ministerio Público y la ciberseguridad; el otro desde Casa Presidencial y ahora desde el Ministerio de Justicia y Paz.
En el caso de Gabriel Aguilar, su designación tiene una lectura política clara: Laura Fernández colocó en Justicia y Paz a una figura joven, cercana al proyecto de gobierno y con capacidad de exposición pública.
A sus 34 años, Aguilar pasa de operar cerca del centro del poder presidencial a ocupar una silla propia en el gabinete. Su gestión apenas empieza, pero ya tiene una tarea central sobre la mesa: convertir el discurso de orden y autoridad en resultados concretos dentro del sistema penitenciario costarricense.