Durante la semana pasada, tras la derrota ante Cartaginés, Óscar Ramírez fue directo: no ha tenido tiempo para trabajar. La frase se interpretó, en algunos sectores, como una excusa. Sin embargo, los datos del arranque del Clausura 2026 le dan la razón.
“Hemos planeado y todo, pero el espacio que hemos tenido ha sido apretado; el tema es darle tono a los muchachos. En los primeros minutos nos ha costado la coordinativa”, explicó el técnico de Liga Deportiva Alajuelense. Más que una queja coyuntural, fue una descripción del contexto. Y ese contexto es medible.
Los números que cambian la lectura
Entre el 13 y el 26 de enero, todos los equipos disputaron cuatro partidos. La diferencia estuvo en el tiempo real de recuperación (horas exactas entre el pitazo final de un juego y el inicio del siguiente). En ese ranking, Alajuelense fue el más castigado.
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⏱️ Descanso acumulado y su equivalente en días
(13 al 26 de enero – 4 partidos por equipo)
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Pérez Zeledón: 285 horas → 11,9 días
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Sporting: 281 horas → 11,7 días
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Deportivo Saprissa: 280 horas → 11,7 días
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Cartaginés: 256 horas → 10,7 días
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Herediano: 254 horas → 10,6 días
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San Carlos: 237 horas → 9,9 días
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Guadalupe: 232 horas → 9,7 días
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Puntarenas: 232 horas → 9,7 días
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Municipal Liberia: 231 horas → 9,6 días
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Alajuelense: 204 horas → 8,5 días
La brecha es contundente: 81 horas menos de descanso para la Liga respecto al equipo con más recuperación (Pérez Zeledón). Es decir, más de tres días completos de diferencia en apenas dos semanas de torneo.
A Óscar Ramírez, le sobran excusas. Dice no tener tiempo para trabajar y le metieron el Torneo de Copa. Todos los demás equipos están igual. Tiene una enorme planilla y solo quejas. Claro, no iba a decir que Cartaginés fue mejor, le ganó, le pegó balones en los postes y lo bailó.
— Milton Montenegro (@Miltonn_M) January 22, 2026
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Lo que implica jugar sin descanso
No es un asunto de sensaciones. En ese lapso, Alajuelense encadenó tramos de 51 a 70 horas entre partidos. Ese margen alcanza para competir, pero no para entrenar: casi todo se consume en recuperación, activación y video. La consecuencia suele verse en arranques imprecisos, menor coordinación y dificultades para sostener la intensidad, justo lo que describió Ramírez.
Aquí está la clave: explicar no es justificar. El dato no exonera resultados; los contextualiza. Y en ese contexto, la Liga no tuvo la misma plataforma física que sus rivales directos.
La comparación inevitable con Saprissa
El domingo, Mariano Torres, capitán del Deportivo Saprissa, apuntó a una falta de tiempo similar. El argumento existe, pero la realidad morada fue distinta: Saprissa acumuló 280 horas de descanso, 76 más que Alajuelense. En términos prácticos, tres días adicionales para recuperar y ajustar.
El calendario también juega
El debate no es si la Liga debió ganar o perder. Es si todos compitieron bajo condiciones comparables. Y los números dicen que no. En un torneo corto, con cargas apretadas, la programación se convierte en un factor competitivo: influye en la planificación, las rotaciones y el rendimiento temprano.
Al final, la frase de Ramírez no fue una coartada. Fue una descripción exacta del escenario. En lo que llevamos del Clausura 2026, Alajuelense fue el equipo más exigido por la agenda. Y cuando los datos respaldan el discurso, la crítica de “excusa” se queda corta.