Por: Luis Nautilio Trejos Chaverri (*)
Independientemente del partido político, de que no haya suficiente dinero para gastar y de que sean las primeras elecciones municipales separadas de las nacionales, confluyen en esta contienda electoral una serie de circunstancias que inclinan la balanza y fijan las miradas en las cualidades personales de quienes se postulan a los distintos puestos municipales. Esto ocurre en medio de un esquema jurídico donde no existen perfiles de idoneidad para ocupar dichos puestos lo que contrasta con la nueva visión de gobierno corporativo que está delineando los perfiles de idoneidad para las asociaciones cooperativas que también son entidades que administran recursos de sus asociados.
¿Y dónde quedan las propuestas? Considerando que las propuestas sean la parte más objetiva de la contienda por estar plasmadas en papel, estas resultan insuficientes, confusas, repetitivas y más bien tienen a confundir muchas veces las competencias municipales con las nacionales o institucionales, perdiendo la seriedad y la viabilidad necesarias para poder cumplirlas.
En nuestro país, las personas no votamos por un programa de gobierno que debe cumplirse (Voto programático) como ocurre, por ejemplo, en Colombia, sino que lo que refiere nuestro Código Municipal es a la obligación de la Alcaldía de contar con un plan de gobierno que sirve como un plan más para definir e incluir los proyectos y las prioridades de inversión en el presupuesto municipal. Pero no pasa nada si no lo cumple y no es causal de revocatoria de mandato.
La gestión municipal lo que persigue es el bienestar de un conjunto de personas agrupado en un territorio y por ser la administración de los recursos la principal tarea es necesario contar con personas que posean actitud y capacidad para cumplir con el derecho del munícipe a tener un buen gobierno en pro de los intereses vecinales.
El acierto que tendrán los votantes de las distintas localidades se verá reflejado entonces, a partir del análisis que puedan hacer de las condiciones personales, tales como el conocimiento y la experiencia en cargos similares, la capacitación, la empatía (manejo adecuado de las emociones), los valores y creencias de la persona candidata. Y, sin duda, el estilo propio y la presentación personal (expresión corporal, manera de hablar, la foto) también hablan por sí solos.
Cotidianamente, en las familias se discute sobre política y en esos círculos básicos de la sociedad ya no hay claridad acerca de cuáles son los líderes que nos representan. Existen tantas versiones y visiones de las acciones políticas actuales como gustos y sabores, y no es cuestión de hacer desplantes, berrinches o pucheritos para convencer ni tampoco tratar de llevar al gato y al perro arreados a votar.
Ya no es fácil comer cuento y los juzgamientos y la desconfianza se contagian fácilmente. Las instituciones llamadas a generar debate tampoco tienen las herramientas mágicas para inspirar a la población a que salgan a votar.
El llamado responsable a votar debería estar acompañado de una campaña dirigida a enseñarle a la población cómo y sobre qué deberán rendirle cuentas al munícipe una vez que sean electas aquellas personas que obtengan la mayoría.
Finalmente, las ideas y los perfiles de los aspirantes a los concejos municipales, concejos municipales de distrito y a los concejos de distrito han permanecido desconocidas durante todo este periodo electoral en medios de comunicación y de la institucionalidad pública; y se han enfocado, exclusivamente, en una parte del órgano de la administración pública municipal (Alcaldías sin incluir las vicealcaldías) relegando la participación de las personas que aspiran a ocupar puestos en los órganos colegiados que forman parte fundamental de ese gobierno y de los cuales dependerán los niveles de gobernabilidad a lo interno de la municipalidad y la gobernanza en conjunto con la ciudadanía.
Salir a votar por las autoridades locales es nuestro deber. Pero aún quedan dos asuntos esenciales que resolver: por un lado, la falta de perfiles de idoneidad para lograr un verdadero gobierno corporativo en la municipalidad y, por otro, en cómo educar a los munícipes para exigir cuentas e involucrarse plenamente en la administración de los intereses y servicios locales, lo cual debe estar garantizado por el gobierno local electo.
(*): Asesor jurídico de la Asamblea Legislativa
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