Lanamme publica auditoría de Taras – La Lima sin incluir los descargos que ya tenía en su poder

San José, 19 abr (elmundo.cr) – El informe de auditoría de Lanamme sobre el proyecto Taras–La Lima, publicado en su propia página web, abrió un nuevo flanco de cuestionamientos contra el laboratorio.

Esto luego de que se constatara que el propio documento reconoce haber recibido un descargo formal con respuesta a los hallazgos señalados, pero no lo incorpora en sus conclusiones.

El informe, publicado en la página web de Lanamme, admite en su sección 6.3.1, página 22, que recibió el Oficio 0064-2026 el 23 de enero de 2026, mediante el cual se atendieron uno por uno los señalamientos formulados en la auditoría.

Sin embargo, al llegar al cierre del informe, esos descargos desaparecen de las conclusiones, generando una interpretación errónea del proyecto y mostrando a la opinión pública una percepción distorsionada de la realidad.

Según expertos consultados una auditoría técnica no solo debe enumerar observaciones, sino valorar integralmente toda la información disponible, incluyendo las respuestas y respaldos presentados sobre cada hallazgo.

En este caso, el propio informe deja constancia de que la documentación existía, estaba en poder de Lanamme y aun así no fue reflejada en la parte más sensible del documento: sus conclusiones. 

La magnitud del asunto se refuerza con otro dato que también consta en el mismo material: durante el período auditado hubo 42 oficios respondidos y, además, se reportan más de 130 respuestas acumuladas desde la etapa de diseño. Es decir, es decir existe un expediente con un amplio historial de contestaciones formales, aclaraciones y documentación remitida a Lanamme.

El documento también evidencia que varios hallazgos tenían descargos documentados, que algunas observaciones ya habían sido corregidas y que otras seguían el curso previsto dentro del marco de la contratación pública.

Pero nada de eso aparece en el resultado final de la auditoría. Y ahí radica el problema: la opinión pública recibe una imagen parcial, como si las observaciones hubieran quedado sin atención, desacreditando al MOPT y al gobierno.

La pregunta es inevitable: ¿para qué pedir respuestas técnicas, oficios y respaldos si al final la auditoría se publica como si esos descargos no alteraran en nada el resultado?

Esa contradicción golpea directamente la credibilidad del informe y vuelve a colocar a Lanamme bajo sospecha de actuar más como un actor político que como un fiscalizador técnico.

Y el momento en que esto ocurre tampoco pasa desapercibido. La publicación de esta auditoría se da justo cuando sobre Lanamme pesan cuestionamientos públicos por supuestos desvíos en el uso de fondos públicos y por señalamientos relacionados con recursos de la Ley 8114.

En ese contexto, el ataque contra una de las obras viales más visibles del país empieza a leerse menos como un ejercicio técnico imparcial y más como una maniobra para cambiar la conversación y correr la atención de los problemas que hoy cercan al propio laboratorio.

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