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La leyenda vive: la marca Borgward renace

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El Lloyd Alexander tuvo mucho éxito en Alemania. Crédito: Peter Kurze / dpa-tmn

Por Thomas Geiger (dpa)

Ginebra/Bremen (dpa) – ¿BMW, Bentley o Bugatti? No, la marca Borgward es la que generó más atención en el reciente Salón del Automóvil de Ginebra. Sólo con decir que la firma volverá a construir un coche 50 años después, Christian Borgward sacudió al mundo del motor.

“El relanzamiento de la marca era un sueño de mi niñez y ahora lo cumpliré pronto”, dijo el nieto del fundador. Aunque en Ginebra presentó sólo un nuevo logotipo, un rombo modernizado, anunció que el nuevo vehículo de la firma, un todoterreno compacto, se verá en septiembre en Fráncfort y saldrá a la venta en 2016.

“Luego, cada año sacaremos dos nuevos modelos”, dijo Borgward, ya que la marca no quiere ser sólo una firma nicho con series pequeñas, sino buscar el tamaño de antaño y producir hasta el final de la década 800.000 vehículos al año.

Andreas Berse, el autor alemán que en una novela perpetuó el destino de la empresa familiar, tiene claro por qué el mero anuncio de regreso generó revuelo en la escena de los coleccionistas: “Marcas que fracasan y desaparecen hay muchas, pero Borgward es un mito”.

Lo que hace que Borgward sea un mito a diferencia de otras marcas desaparecidas hace tiempo como Messerschmitt, Maybach o Horch es una cuestión tanto personal como de los modelos que produjo, dice Peter Kurze, que desde la ciudad natal de Borgward, la alemana Bremen, dirige un museo virtual y ha publicado varios libros sobre la compañía y sus autos.

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Entre los modelos destacan el Hansa 1500, el Lloyd Alexander y por supuesto el Isabella, todos ellos hitos técnicos y modelos exitosos. “Por eso Borgward era el tercer mayor productor de Alemania en los años ’50 tras Volkswagen y Opel y por delante de Mercedes y Ford”, recuerda Kurze. “Y por otro lado está el fundador de la marca, Carl F.W. Borgward, un hombre hecho a sí mismo que llegó desde lo más bajo a lo más alto”, agregó.

Borgward fue uno de los 13 hijos de un comerciante de carbón y comenzó como ingeniero en una empresa de suministro de componente de auto hasta que asumió el mando del taller cercano Hansa-Lloyd. “Pronto fue el jefe de más de 20.000 trabajadores, lo que le convirtió en el mayor empleador y contribuyente de Bremen”, cuenta Kurze.

Berse asegura que también contribuye al mito que el propio Borgward desarrollara y diseñara los modelos, así como que tras 40 años y con más de un millón de vehículos producidos, la empresa se arruinara por culpa de banqueros y políticos incapaces, según el escritor alemán.

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Isabella ha sido el icono de la marca Borgward. Crédito: Borgward / dpa-tmn

Hartmut Loges conoce todas esas historias como presidente de un club de amigos de la marca que ha pagado la mitad de un monumento que honra la figura de Borgward.

Pero Loges prefiere definir mejor la marca por sus vehículos: “Borgward era un pionero y construyó coches que abrieron nuevos horizontes igual que hicieron más tarde el Volkswagen Golf o la Clase S de Mercedes”.

La lista de hitos comienza con el Lloyd LP300 de 1950, que con su motor delantero transversal fue el anticipo del moderno vehículo compacto. Sigue con el Lloyd Alexander, el exitoso modelo pequeño, y llega hasta el P100 de 1959, una berlina muy rápida y cómoda para la época con 100 caballos de potencia, mucho en aquel entonces, y una suspensión de aire, la primera del mercado.

Con la primera carrocería de pontón y el primer intermitente eléctrico en el Hansa 1500 de 1949 Borgward también hizo historia en la industria.

Pero el icono de la marca es y seguirá siendo el Isabella, según coinciden todos los expertos. “Se construyeron más de 200.000 y se vendió en todo el mundo. Era el auto más bonito de su tiempo”, dice Loges sobre el modelo del segmento medio, tan apreciado entonces por la burguesía como hoy lo es la Serie 3 de BMW. Éste es también un motivo de que Borgward nunca haya caído en el olvido, según Berse: “Una marca necesita un icono para permanecer en el recuerdo”.

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La firma permanece por ello muy valorada en la escena de los coleccionistas. “Al igual que entonces, Borgward ofrece aún hoy en día un modelo para cada tipo de persona”, afirma Kurze, que asegura que se puede encontrar un Lloyd Alexander por varios cientos de euros. Por un Isabella Coupé, en cambio, hay que pagar más, hasta 30.000 euros (31.500 dólares).

A la vista de lo pujante que es la escena del coleccionismo, pequeñas empresas se han dedicado a la construcción de piezas de recambio. “Las partes mecánicas están disponibles para el envío en 24 horas”, afirma Loges.

“Celebramos el regreso y deseamos suerte a Borgward para el futuro”, afirma Loges, que posee un Isabella Coupé de 1959. Sin embargo, el presidente del club no quiere hablar de una resurrección de una marca apreciada en todo el mundo: “Aunque el último ejemplar se produjo en Bremen en 1961, para los fans Borgward nunca murió”.

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