San José, 29 ene (elmundo.cr) – Indudablemente, la IA se ha integrado en la vida cotidiana. Hoy es asistente, orientadora, generadora de contenido y, en muchos casos, una referencia para valorar aspectos personales, profesionales, académicos y sociales. Sin embargo, no deberíamos depositar la toma de decisiones electorales bajo logaritmos o un simple cruce de lógica.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el programa de Habilidades para la Vida, la toma de decisiones es la capacidad de evaluar opciones de manera consciente y responsable, considerando consecuencias presentes y futuras, valores y riesgos. Ayuda a las personas a actuar proactivamente, resolver problemas y manejar el entorno, contribuyendo al bienestar propio y ajeno.
“No se trata de una simple consulta, se trata de que en cada decisión debemos desarrollar la habilidad de toma de decisiones para trazar la mejor ruta de nuestras vidas, y es por eso por lo que no importa cuántas veces no hayamos tomado el camino correcto; sino lo relevante es cuántas veces he reflexionado para tomar una mejor decisión y salir adelante”, detalló Christian Murillo, profesor y coordinador de Posgrados de Psicología de Universidad Fidélitas.
En el contexto de las próximas elecciones presidenciales este 01 de febrero, muchas personas indecisas y otras que no han tenido el tiempo o la disposición de leer y analizar los planes de gobierno, ni de seguir los debates políticos, recurren a la inteligencia artificial para preguntar por quién votar.
¿Qué ocurre cuando las personas empiezan a delegar la toma de decisiones a los sistemas tecnológicos?
Para Murillo el avance de la IA representa una oportunidad invaluable para apoyar nuestra vida en diferentes aspectos, pero también un desafío psicológico muy profundo y hasta preocupante. “La inteligencia artificial puede apoyar el análisis de información, contrastar datos, ordenar escenarios y facilitar la comprensión de propuestas complejas. El problema surge cuando se le otorga un rol decisor, como por ejemplo preguntarle por quién votar, sustituyendo el pensamiento crítico y la deliberación personal”, señala.
Desde la psicología cognitiva, la rehabilitación psicosocial y los programas de salud mental, el procesamiento de la información y el pensamiento crítico se entienden como habilidades que deben desarrollarse de manera continua, a partir de la experiencia previa, el estudio y el análisis reflexivo, ya que son fundamentales para una toma de decisiones adecuada. Este proceso no puede ser replicado por los algoritmos, pues las conexiones que establece el cerebro humano activan, además, habilidades vinculadas como la asertividad y la regulación emocional, pilares esenciales para la resolución efectiva de problemas.
Cuando estos procesos no se ejercitan, tienden a debilitarse, a empobrecer las conexiones funcionales, a buscar respuestas rápidas y sencillas con una fuente externas. “El cerebro funciona bajo un principio de uso o deterioro. Si dejamos de pensar, de cuestionar y de confrontar ideas, perdemos progresivamente la capacidad de hacerlo con autonomía y someternos entonces a obediencia”, advierte Murillo.
Por lo que el nuevo desafío de la psicología, en esta era digital, será continuar psico educando a las personas que la toma de decisiones es una habilidad que se debe entrenar con cada experiencia a fin de mantener una salud mental responsable con cada arista de nuestras vidas, detalló el profesional en Psicología.
Delegar decisiones políticas a la IA es renunciar al deber ciudadano
Su voto es importante, es un derecho que hoy tiene un gran valor y es una forma de construir una democracia en la cual se definirá el futuro de grandes situaciones. A pocos días de ejercer esta gran decisión, considere los elementos del pensamiento crítico, analice y concluya su mejor elección.
Delegar decisiones políticas en la tecnología puede generar una falsa sensación de seguridad y objetividad. Sin embargo, la IA opera a partir de datos, algoritmos y modelos entrenados por seres humanos, con sesgos, prioridades y limitaciones. “Cuando una persona pregunta, por ejemplo, por quien quién votar y acepta la respuesta sin cuestionarla, renuncia al principio de autonomía, responsabilidad y afecta los constructos de su propia identidad como una persona que cuenta con todas las herramientas para tomar decisiones, pero simplemente decide renunciar a estas, afirma el docente de Psicología.
Las consecuencias psicológicas de este fenómeno de, consultarlo absolutamente todo a la IA, no son menores. La reducción del pensamiento crítico favorece la dependencia cognitiva, la conformidad automática y la disminución de la capacidad de discernimiento. A largo plazo, puede erosionar la autonomía personal y normalizar una cultura en la que otros piensan por nosotros y en el momento en que se tiene que decidir en momentos clave, no se siente preparado a hacerlo.
Esto no implica rechazar la inteligencia artificial. Por el contrario, su uso responsable puede enriquecer el debate público, facilitar el acceso a información y ampliar perspectivas. Desde el punto de vista electoral puede ayudar a resumir y contrarrestar los planes de gobierno para quienes prefieren un resumen. El reto está en mantener una relación saludable con la tecnología, utilizarla como herramienta que más bien nos ayuda a ampliar la visión, no como sustituto del pensamiento crítico.
Pensar es un acto de libertad
“Indudablemente, las elecciones son uno de los actos más complejos y significativos de la vida democrática y una sociedad que no piensa por sí misma es fácilmente dirigida”. Exigen reflexión, contraste de valores, análisis de consecuencias y una decisión consciente. Ningún sistema automatizado puede reemplazar ese proceso sin un costo psicológico y social”, subraya Murillo.
Hoy, donde tenemos sobreinformación y automatización, el llamado es claro: usemos la inteligencia artificial con criterio, sin perder la capacidad de pensar, cuestionar y decidir por cuenta propia. La democracia no solo se vota; se piensa.