Heredia, 15 jun (elmundo.cr) – Una reciente investigación desarrollada en la zona norte de Costa Rica ha documentado la existencia de 13 especies de abejas sin aguijón que incluyen tejidos animales en descomposición como parte de su dieta, un comportamiento poco conocido que desafía la percepción tradicional de estos insectos como polinizadores exclusivos.
El estudio, titulado Abejas buitre en Costa Rica: detección, ecología y comportamiento, fue liderado por Carolina Esquivel Dobles, de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional (UNA), en colaboración con la investigadora Laura L. Figueroa Amaya, de la Universidad de Massachusetts Amherst.
“Las abejas evolucionaron hace millones de años a partir de avispas, y las avispas son carnívoras”, explicó Esquivel sobre el origen evolutivo de este fenómeno.
La investigación, realizada a lo largo del Corredor Biológico San Juan – La Selva, utilizó cebos de pollo crudo en 20 sitios distintos, incluyendo bosque primario, secundario y zonas agrícolas. Los resultados permitieron registrar más de 200 individuos visitando los cebos, además de documentar comportamientos de alimentación sobre carroña natural y heces.
Uno de los hallazgos más relevantes es la flexibilidad dietética de estas especies. Mientras que en el mundo existen solo tres especies de abejas necrófagas obligadas (que dependen exclusivamente de la carroña), el estudio halló una de ellas (Trigona necrofaga) y confirmó que otras especies son “omnívoras”, combinando el consumo de recursos florales con el de origen animal.
Contrario a la hipótesis inicial de que las abejas recurrían a la carroña solo ante la escasez de flores, el estudio determinó que la presencia de flora no disminuyó la visita a los cebos. “Los resultados muestran que estas abejas tienen una flexibilidad mucho mayor de la que se pensaba”, indicó el informe.
Además, el estudio destaca que la mayor diversidad de abejas en los cebos se registró en sitios boscosos, lo que subraya la importancia de la conservación de los bosques no solo como fuente de alimento, sino como sitios esenciales de anidación.
Este proyecto contó con la colaboración de expertos de la University of California Riverside y la University of Wisconsin–Madison, además del apoyo logístico del Refugio Lapa Verde y la Estación Biológica La Selva.
La investigación busca profundizar en cómo estas estrategias de supervivencia permiten a los polinizadores adaptarse a la fragmentación del bosque y a la transformación acelerada de los paisajes tropicales.