Puntarenas, 06 mar (elmundo.cr) – El canto del pájaro campana, una especie vulnerable, se convierte en una herramienta clave para el monitoreo y la gestión de la biodiversidad en el Corredor Biológico AmistOsa, ubicado en la zona sur de Costa Rica.
El proyecto, liderado por el Instituto Internacional de Conservación y Manejo de Vida Silvestre (Icomvis) y la Escuela de Ciencias Biológicas (ECB) de la Universidad Nacional (UNA), en colaboración con el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac) y el Comité Local de Gestión, utiliza el paisaje sonoro como indicador de cambios ecológicos y promueve la participación comunitaria.
El proyecto implementa el monitoreo acústico pasivo, una técnica que consiste en colocar grabadoras en sitios estratégicos para registrar los sonidos del ambiente durante periodos prolongados.
Según Jimmy Barrantes Madrigal, investigador del Icomvis-UNA, esto permite obtener una “fotografía sonora” del ecosistema sin alterar el comportamiento natural de las especies. Mónica Retamosa, coordinadora del proyecto desde el Icomvis-UNA, explicó que “los animales comunican información vital mediante el sonido, y esa información se puede traducir en datos para monitoreo.”
Las grabadoras registraron sonidos durante 5 minutos cada 15 minutos, de 5:00 a.m. a 6:00 p.m., en múltiples sitios, resultando en 135 horas de grabación por día. Para analizar esta gran cantidad de datos, los investigadores desarrollaron un proceso de detección acústica automatizada, utilizando algoritmos entrenados para reconocer el canto del pájaro campana.
“La computadora no ‘escucha’ como una persona; convierte los sonidos en datos numéricos y aprende a identificar secuencias que se repiten en las vocalizaciones”, detalló el investigador.
Los resultados del monitoreo acústico permitieron determinar la presencia del pájaro campana a lo largo del corredor, abriendo nuevas interrogantes sobre sus rutas, permanencia y comportamiento migratorio.
Se observaron zonas con mayor frecuencia de detección y picos temporales, como julio y agosto en la zona alta y noviembre y diciembre en zonas bajas, lo que podría estar relacionado con desplazamientos altitudinales. Barrantes señaló que esto convierte al pájaro campana en una especie ideal para evaluar la conectividad.
Además del monitoreo, se implementó un Plan de Educación Ambiental, desarrollado mediante talleres participativos con actores locales. Carolina Esquivel, académica de la Escuela de Ciencias Biológicas, explicó que el plan se enfoca en cuatro dimensiones prioritarias: personal y familiar, educación y formación, comunitaria y productiva, con propuestas concretas como manejo de residuos, aulas al aire libre y turismo rural comunitario.
Wendy Adriana Barrantes, del Área de Conservación Osa, destacó la importancia del Corredor Biológico AmistOsa como conector de áreas protegidas y su valor estratégico frente al cambio climático. El proyecto ha dejado aprendizaje técnico en monitoreo sonoro y un proceso de educación ambiental que fortalece capacidades locales.
Como parte del proyecto, se trabaja en un protocolo de monitoreo biológico en la zona de San Vito, con participación de actores locales y propietarios privados. El objetivo es evaluar la conectividad entre núcleos de bosque y analizar los efectos de variables como temperatura y precipitación sobre los patrones de vocalización y movimientos altitudinales.
César Arauz Navarro, de Finca Palo Hueco, calificó la experiencia como “enriquecedora”, destacando su potencial para el turismo responsable.