TORMENTA TROPICAL NATE

El drama de las inundaciones en Guanacaste

» Un equipo de El Mundo acompañó a Ana León Espinoza, quien regresó a su ranchito en una panga para alimentar a sus animales.

Fotos de Luis Madrigal, Jennifer Méndez y Valería Martínez, enviados a Guanacaste; El Mundo CR.

San José, 8 oct (elmundo.cr) – A doña Ana León Espinoza no le importó que el río Las Palmas, en Bambú 2 de Filadelfia (Guanacaste) mantuviera inundada la comunidad con casi dos metros de agua. Ella deseaba volver a su “ranchito” para alimentar sus animales y rescatar algunos electrodomésticos.

León es uno de los miles de rostros de damnificados que dejó el embate de la tormenta tropical Nate en la provincia de Guanacaste, la cual tuvo que enfrentar, menos de un año después del huracán Otto, la fuerza de la naturaleza.

Un equipo de EL MUNDO se desplazó hasta Guanacaste y acompañó a esta mujer de 67 años y a sus hijos hasta su vivienda, la cual, a pesar de estar construida sobre trozos de madera, no escapó de las inundaciones.

Durante el viaje el miércoles, que se extendió por más de media hora, León contó que sus hijos volvieron desde distintas partes del país para ayudarla en estos duros momentos que vive.

Es la segunda vez desde que vive en Bambú 2 de Filadelfia que el río Las Palmas se desborda como lo hizo esta semana; la primera vez que recuerda fue hace 18 años.

Con una panga propiedad de un vecino, León se subió junto a dos de sus hijos para alimentar a sus gallinas y chompipes, los cuales llevaban desde el miércoles a la intemperie y sin alimento. “He llorado mucho por mis animalitos”, dijo, para luego lamentar que uno de sus pollos falleció ahogado.

Fotos de Luis Madrigal, Jennifer Méndez y Valería Martínez, enviados a Guanacaste; El Mundo CR.

Según relató, efectivos de la Cruz Roja Costarricense llegaron con cajones a sacar gente antes de que las inundaciones empeoraron. Cuando caían las fuertes lluvias aún había servicio de electricidad, hasta que tras varios cortocircuitos la localidad quedó completamente a oscuras y sin agua potable.

León perdió su refrigeradora, lavadora y otros electrodomésticos que por sí sola no pudo poner en lugares altos para salvarlos del agua.

Tras recuperar dos televisores y alimentar a sus animales, doña Ana y sus hijos emprendieron el viaje de regreso en la panga. EL MUNDO pudo constatar como los niveles de agua bajaban rápidamente, sin embargo esto implicaba que las corrientes en lo que antes eran calles de lastre, eran más fuertes.

A lo largo de un hilo de alambre navaja se acumulaban ramas, hojas, basura y todo tipo de electrodomésticos. Entre tanto, la comunidad cuyo salón comunal se convirtió en un albergue donde se alojan 400 personas, intentaba regresar a sus hogares para sacar lo poco que les quedaba seco.

La ayuda a Guanacaste llegaba, al menos hasta el viernes, a cuentagotas. Las principales vías de acceso estaban cerradas y la única forma de llegar a esa provincia por tierra, era la ruta 702 que conecta San Ramón con La Fortuna y luego la 142 que comunica La Fortuna con Tilarán. El viaje, sin embargo, era traumático.

Fuertes ráfagas de viento con lluvia y constantes derrumbes hacían que conducir por ese camino fuera de alto riesgo. Horas antes, autoridades habían levantado algunos deslizamientos que impedían el paso, sin embargo, las inclemencias de Nate persistían.

Además de Filadelfia, EL MUNDO constató inundaciones en Carrillo, San Blas y El Coco, mientras que el centro de Liberia volvía a la normalidad.

Fotos de Luis Madrigal, Jennifer Méndez y Valería Martínez, enviados a Guanacaste; El Mundo CR.

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