Berlín (dpa) – Estoy a pocos metros del cartel indicador de la estación de trenes. Pero los números de los horarios de salida se ven borrosos. ¿A qué hora partirá mi tren? Apenas lo puedo ver cuando me acerco mucho. Esto me pasa con frecuencia últimamente. ¿Tendré que usar gafas?
La mejor respuesta la obtendré si hago un examen de la vista en el consultorio de un oftalmólogo, es decir, un médico especializado en los problemas de la visión, o bien en una óptica. Me decido por esta última opción y voy a una óptica.
La optometrista me pide que me siente muy cerca de un aparato y me indica que mire dentro. Reconozco la imagen de una autopista que lleva a la lejanía. En el horizonte veo flotar un pequeño globo rojo. La imagen se pone borrosa y vuelve a tomar contornos definidos una y otra vez. Luego suena un pitido.
Después de varios pitidos, la especialista imprime una larga tira de papel con gran cantidad de pequeños números. «La prueba ha dado por resultado que eres corta de vista en ambos ojos», me explica.
Esto significa: veo bien los objetos cercanos, veo imprecisos los que están lejos. ¡Por eso no podía distinguir los horarios en la estación de trenes!
¿Puedo elegir entonces un par de gafas elegantes? «No», dice la optometrista. «Nos falta hacer una prueba más precisa para poder elaborar los anteojos adecuados». La experta me coloca un armazón de gafas extraño sobre la nariz y me tapa un ojo con una placa negra. Entonces me pide que lea una hilera de números.
Estoy un poco nerviosa. Pero la óptica me tranquiliza. «No se trata de hacer algo bien o mal», me dice. «Simplemente dime lo que ves».

Primero no reconozco nada. Pero después de que la optometrista me coloca una lente en el armazón comienzan a tomar formas definidas las imágenes. La primera hilera de números se lee ahora con total facilidad. La segunda es mucho más pequeña, pero la puedo identificar bastante bien. La tercera es tan minúscula que sólo la puedo leer entrecerrando el ojo. Y no estoy segura de haber reconocido bien todos los números.
En la última fila sólo veo puntos negros. Por suerte la optometrista cambia la lente en el armazón. Con esta veo mucho mejor. Pero solo puedo leer todo realmente bien con la tercera lente que probamos.
¿«Por qué no colocó esta lente desde el principio»?, le pregunto. «Porque primero quería ver si no le alcanzaba con una lente un poco menos fuerte», explica. «Los anteojos no deben ser ni demasiado fuertes ni demasiado débiles, tienen que estar en el punto justo».
Después de unas pruebas más está todo listo para encargar las gafas. ¡Por fin! Puedo estar segura de que serán exactamente las que necesitan mis ojos para no perder el próximo tren.
