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Cooperativas eléctricas: El motor poderoso que mueve a la Costa Rica rural

San José, 12 oct (elmundo.cr) – Fuera de la GAM, cuatro cooperativas eléctricas llevan energía limpia, internet y otros servicios, generando desarrollo económico en más de 10.000 kilómetros cuadrados de territorio.

Cuando se analiza el desarrollo económico y social de Costa Rica, la mirada suele quedarse en los cantones del Valle Central. Sin embargo, más allá de la Gran Área Metropolitana, la luz eléctrica, la conectividad, la estabilidad laboral y el aporte en educación y bienestar social brindado a miles de familias, es gracias a un modelo muy distinto: el cooperativismo, destacando en las zonas rurales, las cooperativas de electrificación.

A través de Coopeguanacaste, Coopelesca, Coopesantos y Coopealfaroruiz, las zonas rurales cubren más de 10.200 kilómetros cuadrados de geografía nacional, llevando servicios fundamentales a más de 300.000 asociados en sus zonas de influencia. La gran diferencia respecto a las empresas corporativas tradicionales es que los recursos generados en estas regiones se quedan e invierten ahí mismo, convertidos en obras, empleos, infraestructura y encadenamientos locales.

En la Zona Norte y Sarapiquí, por ejemplo, Coopelesca administra 4.770 kilómetros cuadrados de concesión para sus casi 135.000 asociados. En 2025, la organización produjo 622,5 gigavatios hora —abasteciendo el 88,9% de su demanda con fuentes renovables propias— y generó un impacto económico directo en la región que superó los 100.000 millones de colones, dando trabajo estable a 1.385 personas.

Hacia el Pacífico, la historia se repite. Coopeguanacaste atiende a unos 100.000 abonados en la Península de Nicoya y Guardia de Liberia, con una cobertura del 99,9% sobre casi 3.700 kilómetros cuadrados.

Con una planilla de 556 colaboradores directos, la cooperativa ha destinado más de 12.600 millones de colones a proyectos de generación limpia —entre parques solares, eólicos, plantas de gasificación y almacenamiento de energía en baterías— además de tender 1.900 kilómetros de fibra óptica, financiar microempresas locales con fondos de desarrollo y almacenes para ventas de electrodomésticos, ferretería y otras líneas que buscan dar un acceso más asequible de estos insumos para sus asociados.

Tecnología de vanguardia con arraigo local

Llevar tecnología de punta a montañas y costas no es tarea sencilla. En los cantones del sur de San José y Cartago, Coopesantos atiende a más de 62.000 asociados en un territorio de 1.532 kilómetros cuadrados. Para garantizar la continuidad del servicio, la entidad puso en marcha el primer “embalse seco” del país mediante almacenamiento de energía en baterías acopladas a su parque eólico, desplegó 54.914 medidores inteligentes y tendió 147 kilómetros adicionales de fibra óptica.

A esto se suma su impacto ambiental: la cooperativa, igual a como lo han hecho las demás, ha adquirido más de 240 hectáreas para proteger fuentes hídricas que abastecen a 56.000 personas y ha sembrado cerca de 68.000 árboles producidos por agrupaciones de mujeres rurales en Acosta y abrió almacenes para un mejor servicio a sus asociados.

En una escala más concentrada pero igualmente vital, Coopealfaroruiz atiende 231 kilómetros cuadrados en sectores de Zarcero, San Ramón, Naranjo, Atenas y Turrubares. Con más de 1.170 millones de colones invertidos en redes de telecomunicaciones, la cooperativa mantiene conectados sin costo a 30 centros educativos rurales y aporta energía limpia a la red nacional mediante la Central Hidroeléctrica Río Lajas. También inició la construcción de una planta solar que le permitirá contar con su primer proyecto de generación propio, lo que traerá beneficios para sus asociados y al país en general.

Esta capacidad operativa en zonas periféricas responde en gran medida al trabajo en equipo del sector, a la confianza de sus asociados dueños de las cooperativas y a una visión de futuro centrada en el bien común y no en el de unos pocos, como explica Erick Rojas, gerente general de Coneléctricas R.L., consorcio que integra a las cuatro distribuidoras:

“La articulación de las cooperativas nos permite competir aplicando economías de escala, desarrollando investigación técnica y operando centrales hidroeléctricas de forma eficiente. Este esquema no sólo defiende la estabilidad de las tarifas y la soberanía energética, sino que garantiza que los beneficios financieros se reinviertan en el progreso de las comunidades rurales que son al fin y al cabo las duelas de estas cooperativas, quienes con este desarrollo logran que sus habitantes no migren hacia el centro del país, como pasa en otros países latinoamericanos”.

Entre las cuatro organizaciones sostienen más de 2.260 empleos directos fuera del Valle Central y miles de empleos indirectos. Su trabajo diario demuestra que la brecha territorial en Costa Rica no se reduce únicamente con inversión pública centralizada, sino fortaleciendo las iniciativas locales que producen su propia energía y reinvierten sus ganancias en el territorio.

Además de los aportes que por medio de sus Comités de Educación y Bienestar Social dan a sus y a sus comunidades mediante becas a estudiantes de escuelas, colegios y universidades, donde han logrado crear oportunidades para jóvenes rurales que sin esa ayuda hoy podrían ser desempleados o trabajar en la informalidad; ayudas en infraestructura como puestos de salud, escuelas, estaciones de Cruz Roja, bomberos, policìa, etc; donde en unión con las fuerzas vivas de la comunidad logran duplicar las pequeñas ayudas; caminos, deporte, arte, ambiente, etc; son parte de las inversiones que estas cooperativas apoyan en sus zonas rurales, haciendo impensable un desarrollo como el que estas comunidades tienen sin la participación de las Cooperativas de Electrificación Rural.

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