Alajuela, 29 jun (elmundo.cr) – La región centroamericana enfrenta un escenario de creciente incertidumbre para su seguridad alimentaria, con un consumo anual de arroz que roza los 1,5 millones de toneladas métricas, mientras la producción local apenas logra cubrir menos de la mitad de esa demanda.
Este panorama fue analizado durante la reciente Rice Market & Technology Convention en Cartagena, Colombia, donde líderes de la cadena arrocera del continente advirtieron sobre los riesgos que representan los conflictos geopolíticos, el encarecimiento de los insumos agrícolas y, fundamentalmente, los efectos adversos del fenómeno de El Niño.
Juan Carlos Sandoval, gerente general de La Maquila Lama, destacó que los modelos climáticos proyectan a Centroamérica como una de las zonas más vulnerables ante las alteraciones en los patrones de lluvia.
“Lo que sucede con el clima, los fertilizantes, los combustibles o los conflictos internacionales termina impactando la producción agrícola y la disponibilidad de alimentos”, señaló Sandoval.
Dependencia externa y consumo
Datos de la Federación Centroamericana del Arroz (FECARROZ) subrayan la relevancia estratégica de este grano en la dieta regional. Panamá (57,24 kg), Nicaragua (56,32 kg) y Costa Rica (50,74 kg) se posicionan como los países con mayor consumo per cápita del istmo.
Sin embargo, la brecha productiva es significativa. Mientras el consumo regional total alcanza las 1.459.870 toneladas métricas, la producción reportada se limita a 571.312 toneladas. Esta disparidad obliga a los países centroamericanos a depender del comercio internacional para evitar el desabastecimiento.
Medidas ante la crisis
Ante la volatilidad de los mercados, empresas del sector han comenzado a implementar estrategias de mitigación. En el caso de La Maquila Lama, se han incrementado los inventarios estratégicos, se han negociado compras futuras y se ha diversificado la base de proveedores, no solo en arroz, sino también en productos como el frijol.
El sector agrícola advierte que ya se observan dificultades en la siembra de granos básicos como frijol y maíz, lo cual, sumado al alto costo de los fertilizantes, podría presionar la disponibilidad y los precios de los alimentos durante la segunda mitad del 2026.