San José, 26 mar (elmundo.cr) – En un movimiento que busca sacudirse las críticas por la gestión ambiental de los últimos dos años, el presidente de la República, Rodrigo Chaves, sorprendió esta semana al declararse un férreo defensor del mar.
Durante la conferencia de prensa del 25 de marzo, el mandatario afirmó con contundencia:
“Yo soy, y lo he dicho siempre, un ambientalista de corazón, pero un ambientalista racional”.
Con estas palabras, anunció acciones para proteger especies marinas, marcando una distancia abismal con las políticas que, hasta 2023, impulsó el Incopesca bajo la dirección del ahora expresidente ejecutivo, Heiner Méndez.
Este “golpe de timón” llega tras el desgaste político de la administración en materia de pesca provocado durante la gestión de Méndez, quien renunció en medio de presiones de sectores ambientalistas y políticos que señalaban al Gobierno de atentar contra la sostenibilidad del recurso marino.

Cabe recordar que en julio del 2023 Mendez debió enterrar, no solo el intento de reactivar la pesca de arrastre, sino su intento de implementar una “lista de las 234 especies” para explotación comercial, que pretendía comercializar corales y tortugas.
La salida de Méndez en julio fue el preámbulo de esta metamorfosis. Chaves ahora asegura que su administración busca “el equilibrio entre la mesa del pescador y la salud del océano”, un discurso que contrasta con sus pasados roces con sectores conservacionistas.
El presidente subrayó que no permitirá que “intereses particulares dañen nuestro patrimonio azul”, un mensaje que parece ser un control de daños tras el fiasco técnico de 2023. Sin embargo, el reto para el Ejecutivo no es solo retórico.

El sector pesquero artesanal observa con escepticismo si este nuevo ambientalismo vendrá acompañado de alternativas reales o si es simplemente una maniobra táctica para recuperar el prestigio internacional de la “Marca País” verde.
Con Nelson Peña ahora al mando, el Gobierno intenta reescribir su historia marina.
Pasar del arrastre a la protección es una jugada audaz, pero la sombra de los acuerdos anulados obligará al Gobierno a demostrar, con datos y no solo con discursos, su conversión, y prueba de ello es que pescadores y ambientalistas dejan pasar las acciones de Chaves en función de un equilibrio del sector.