
San José, 17 ago (elmundo.cr) – Como resultado de los tratados de libre comercio y la degradación arancelaria de algunos productos, el espacio que tienen los productores nacionales para colocar sus cosechas se ha convertido en una problemática.
A ello se le han sumado algunos factores como la sobreoferta de productos, la competitividad entre precios, la alta intermediación de comerciantes y especialmente, la imposición de precios.
Pablo Chacón es miembro de la Cooperativa Agrícola Industrial de Productores de Frutas de Altura de Los Santos (FrutalCoop R.L), es representante de la empresa familiar Frutas del Valle y es testigo de la imposición de precios existente en el mercado.
Vendió sus cosechas durante varios meses a una de las cadenas de supermercados más grandes del país, sin embargo desde hace unos días decidió no hacerlo más.
Como de costumbre, acudió a comercializar su producción de manzanas al precio de siempre, 1200 colones el kilo, sin embargo en esa ocasión le ofrecieron mucho menos.
“Me dijeron que si quería me daban 800 colones por kilo para que no perdiera la cosecha, a lo que yo respondí que prefería que se me perdiera. Me retiré muy consternado porque siempre había mantenido ese mismo precio que es el justo”, indicó Chacón.
Para este empresario hace unos años la relación entre el productor nacional y los grandes comercios era respetuosa, grata y colaborativa.
Sin embargo, considera que actualmente ese vínculo ha desaparecido y el cambio de política en contra del producto nacional y a favor de los importados, es sentido fuertemente por el agricultor tico.
“Nos imponen precios bajos y en algunos casos esa disminución no se refleja en los puntos de venta. El precio al que ofrecemos las cosechas es un precio justo por la calidad de los alimentos”, explicó el productor.

Lo que piden los productores
Gran parte de los productos importados gozan de subsidios en su país de origen, lo que hace que ingresen a Costa Rica con precios bajos. Los productores nacionales no tienen ese tipo de ventajas y comercializan sus productos de acuerdo a varios factores, principalmente basados en el costo de producción.
“Al llegar esos productos con precios más baratos, los supermercados van a escoger lo mejor para su economía. Es por eso que a nosotros, los productores nacionales, se nos dificulta competir con los precios del producto internacional”, aseguró Chacón.
Para la Gerente de FrutralCoop R.L, Roselén Madrigal, las condiciones a nivel comercial son difíciles pero no imposibles de cambiar. Afirma que las tendencias y la libertad de compra de los consumidores generan que los productos nacionales se consuman cada vez menos.
“Cuando comercializamos en cadenas de supermercados no presentamos precios elevados, sino que a nivel de anaquel, tienen una gran inflación; es decir que en el momento que el productor u organización hace un enlace comercial con estos, sus productos serán sujetos a la imposición de precios que presenten las cadenas”, resaltó Madrigal.
Según la empresaria, se necesita un plan orientado específicamente a atender las necesidades de los productores, que permita recuperar y valorizar el consumo de productos tradicionales y que asegure la preservación de la herencia sociocultural de las comunidades rurales.
“Se debe incentivar el comercio del producto nacional y con ello también ayudamos a movilizar la economía local, porque consumimos nuestros ingresos dentro de las regiones, generando a la vez empleos y sistemas productivos sostenibles”, detalló Madrigal.
La Gerente destaca las labores que han hecho entidades públicas, que de acuerdo con ella, les dan apoyo al productor ofreciendo programas y mercados más directos.

En pro del productor nacional
Con el fin de hacerle frente a los desafíos de una manera conjunta, muchos de los productores han optado por ser miembro de alguna asociación u organización.
También desde instituciones del Estado han trabajado en programas que ayuden a solucionar la problemática.
Desde el Consejo Nacional de Producción (CNP) se desarrolla el Programa de Abastecimiento Institucional (PAI), que consiste en un mercado en donde por ley las instituciones del Estado deben comprar productos alimenticios a pequeños empresarios a través del Consejo.
En el 2017 el número de proveedores llegó a 235.
“Para hacer ese proceso desde el CNP recurrimos a organizaciones o productores de tamaño micro, pequeños y medianos y los contactamos a través de un proceso de comercialización en donde el CNP es un facilitador y colocador del producto, de manera que el productor pueda tener una mayor ganancia”, explicó Óscar Quirós, vocero del CNP.
Asimismo el Estado ha tratado de establecer mercados exclusivos, para que el productor tenga la oportunidad de vender el producto al cliente final y por ende, que obtenga toda la ganancia y no sean afectados por la imposición de precios o el desplazo.
Un ejemplo de ello son las ferias del agricultor, que son un mercado cautivo, exclusivo para pequeños y medianos productores, donde los productores llevan sus cosechas y las venden directamente sin intermediación de comerciantes.
De acuerdo con Quirós, existen alrededor de 8500 productores que semana a semana venden sus productos en las 82 ferias de este tipo que se realizan en todo el país.
Otra medida tomada específicamente para los productores de frijol y maíz, es la creación de la Ley 8763, Ley de requisitos de desempeños para la importación de frijol y maíz blanco con arancel preferencial, que busca un acercamiento entre las industrias y los productores de este tipo de alimentos.
“Se trabaja incentivando a las industrias para que compren las cosechas enteras a un precio justo, si lo hacen, se les permite vender ese producto con un arancel preferencial”, afirmó el vocero del CNP.
También se dan recursos blandos y apoyos técnicos a organizaciones y asociaciones.